PROTEGEMOS EL PATRIMONIO FOTOGRÁFICO BEJARANO.

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6 dic 2011

Tarjeta postal ilustrada de Béjar



Marca sin catalogar de Béjar. Año 1738

Cada vez disfrutamos más con el conocimiento del pasado de nuestras ciudades, por lo que no es de extrañar que en establecimientos comerciales utilicen fotografías y tarjetas postales ilustradas antiguas para su decoración, algunos llegan a ser verdaderas galerías de exposiciones. Participando también de ese interés por el pasado, pretendo en este artículo, introducirme en el mundillo de las tarjetas postales ilustradas de nuestra Ciudad.


Con antelación a 1880, el escrito no se introducía dentro de un sobre como se hace en la actualidad, simplemente, se doblaba de forma conveniente y se fijaba con un trozo de papel engomado o una oblea humedecida.

Hasta la implantación del actual sistema de franquear, el servicio de correos marcaba en los envíos la cantidad que debía de abonar el destinatario, por ejemplo: 1R. Además de esta marca, estampillaban otra que indicaba el lugar del origen del envío. En Béjar, de 1806 a 1842, dispuesto en dos o tres líneas, con el texto: VEJAR CASTILLA LA VIEJA; de 1843 a 1854, escrito en círculo y con la fecha en el centro: BEJAR CAST. LA V. y con posterioridad a 1854, utilizaron: BEJAR SALAMANCA escrito en un círculo y la fecha también en el centro. Esta última marca se empieza a emplear como matasellos en el año 1859.




Primera marca catalogada de Béjar. Año 1797.

En el Reino Unido aparece l sello adhesivo en el año 1840, lleva estampado el perfil de la reina Victoria y su valor es de 1 penique. España es el décimo país en adoptar este nuevo sistema, poniendo en circulación, el 1 de enero de 1850, un sello con el busto de la reina Isabel II; el matasellos que se utiliza es el conocido de “pata de araña”, en el que no se puede impregnar de tinta la zona central y como consecuencia no se mancha la cara de la Reina.



Carta de 1850, primer año que se utiliza el sello en España. Matasellos de Pata de araña y marca utilizada en Béjar de 1843 a 1854.


En Béjar, se hacen matasellos para conmemorar la Exposición Filatélica - I Centenario que se realizó en el Casino Obrero, en 1982 y para el centenario de la llegada del ferrocarril a Béjar, en 1994. (La locomotora - balastera “Zamora” llegó a Béjar por primera vez, el 14 de febrero de 1894, siendo el 21 de junio de 1896 el día de la inauguración oficial de la línea Plasencia –Astorga).












 








Matasellos para la Exposición Filatélica del Casino Obrero. Años 1982 y 1987


 







 Matasellos para conmemorar en 1994 los cien años del ferrocarril en Béjar

Sin valor postal y para promocionar turísticamente a Béjar, se realizan a finales de 1950, diversos sellos para colocarlos junto a los utilizados en el franqueo, con lemas como: Clima de altura, Visítela y quedará complacido, La perla de Castilla, Industrial y laboriosa, Bellos paisajes, Hospedaje confortable, Entre Castilla y Extremadura, Centro veraniego o Deporte alpino.





















Sellos sin valor postal para fomentar el turismo en Béjar


En el año 1869, en Austria comienzan a circular unas cartulinas que llevan impreso el franqueo, la invención se le atribuye al catedrático de economía Herrmann, posteriormente, se conocieron por “entero postales”. La normativa estipulaba no utilizar más de veinte palabras para poder escribir la dirección. Un año más tarde, en Alemania, se empiezan a imprimir ilustraciones en las tarjetas. En España, una real orden fechada en 1871, aprueba la utilización de dichas tarjetas, indicando las normas que deben de cumplir para su puesta en circulación. Tienen gran aceptación, ya que reduce bastante el importe del franqueo.

La Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, en el año 1873, edita unas tarjetas que llevan impreso un sello de 5 cts. y prohíbe la circulación de tarjetas de otro tipo. Esta prohibición duró hasta el año 1887.

Las tarjetas con reproducciones de fotografías de las diferentes ciudades españolas, no se empiezan a publicar hasta el año 1892. Es muy difícil encontrar tarjetas anteriores al año 1900. La tarjeta más antigua de Béjar, puesta en circulación, es del año 1902 (basándome en una colección cartofílica de Béjar y Candelario, formada por un millar de tarjetas y que es parte de una colección particular relacionada con Béjar), editada por Hijo de Daniel R. Arias y fotografía de Laurent. Don Juan Manuel Hernández, en el año 1904, en la imprenta de Vda. de Aguilar de Béjar, imprime tarjetas con dibujos de la ciudad de París y de la Sagrada Familia.

Prácticamente son los mismos fotógrafos y editores los que realizan las tarjetas postales de Béjar y Candelario. Además, en las tarjetas de las dos poblaciones, se comparten la Sierra y la campiña.














Tarjeta postal ilustrada de 1902

Hasta el año 1905, en las tarjetas postales ilustradas se utiliza todo el reverso para escribir la dirección y el texto se escribe en el anverso, en los huecos o claros que dejan las ilustraciones. En dicho año, la Unión Postal Universal, dicta la norma para que el reverso se divida en dos partes, la izquierda para el texto y la derecha para la dirección, tal como las utilizadas en la actualidad.

Hablar de tarjetas postales y no tener un recuerdo a quienes las pensaron y elaboraron, sería – sin lugar a dudas – injusto; así pues, a don Bienvenido Castro Galván, a don Luis Cabrera, a don Gonzalo Gil, a los señores Requena (con cerca de doscientas tarjetas antiguas de Béjar), al señor Montagut y a tantos otros fotógrafos que se pasearon con sus cámaras por Béjar, les tengo que dar las gracias, modestamente, por haberme permitido contemplar los más bellos retazos de la Ciudad que no pude conocer.

Las tarjetas postales ilustradas, prácticamente desde su inicio, se benefician de las técnicas creativas utilizadas por los fotógrafos, una de ellas, era darlas los diferentes colores que carecían. Se las denominan tarjetas “coloreadas” o “iluminadas”, en las que utilizan un proceso tipográfico o directamente acuarelas o anilinas. En ocasiones, los colores difieren de la realidad, llegando a pintar las aguas de nuestro Cuerpo de Hombre, con color verde.

Las tarjetas postales antiguas (en blanco y negro) de Béjar, las editan: Daniel R. Arias (la más antigua, circulada, es de 1902); Pañerías Béjar; Bienvenido (1926); Librería Calvo (1940); Fabril Militar; A. García Galindo (1921); M. Gómez (1918); Fábrica de Paños Gómez Rodulfo Yagüe, Remigio Gosálvez Rodríguez (1915); Juan Manuel Hernández, Casa Junquera (1916); Montagut (1954); Requena (1908) y Librería Sacho (1954) de Béjar; F. Sánchez de Candelario; Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Salamanca; Duero de Zamora; Castañeira, Álvarez y Levenfeld (1917) y Mateu de Madrid; J. Mumbrú, Rieusset y Thomas de Barcelona; Alarde de Oviedo; Patronato Nacional Antituberculoso. Arribas (1951). Flores... Se indican los años en los que empezaron a circular, siempre utilizando como referencia las tarjetas pertenecientes a la Colección mencionada.

Editan tarjetas postales antiguas de Candelario: Daniel R. Arias, A. García Galindo, Casa Junquera, M. Blázquez, Montagut y Requena de Béjar; Hotel Chisti, Miguel M. Planas y F. Sánchez de Candelario; Castañeira, Álvarez y Levenfeld de Madrid; J. Mumbrú, Rieusset y Thomas de Barcelona...

Por el año 1940, empiezan a circular las primeras tarjetas en blanco y negro realizadas en papel fotográfico, conocidas como “tarjetas de brillo”.

De Béjar, como de otros lugares de España, se publican diferentes series encuadernadas, formando un carnet o álbum, en el que la primeras tarjetas forman una vista panorámica de la Ciudad. Requena los confecciona en la imprenta de M. Hernández y en Rieusset de Barcelona. Bienvenido, que tenía su estudio en la Puerta del Sol de Béjar, realiza las fotografías para don Carlos Calvo, propietario de una sastrería y una librería en la calle Mayor de Pardiñas. También este fotógrafo, edita un carnet postal en recuerdo de la peregrinación al Santuario de Ntra. Sra. del Castañar, en 1926. Requena produce un carnet de Candelario, en 1946.

La tarjeta postal moderna (a todo color), se remonta a los primeros años de la década de 1950. La más antigua circulada, que he encontrado de nuestra Ciudad, es del año 1964. Entre otros, son trabajos de los fotógrafos: Aparicio (1976), R. F. Gorzo (1986) y Montagut. Y de las editoriales: Comercial, Distribuciones y Editorial Studio (1970), Imprenta Hontiveros, Studio Montagut (1982), Textil Navazo (1980) de Béjar; Arca de Noé y Luis Hernández de Candelario; Escudo de Oro, A.G.N. Fábregas (1964) y Fardi de Barcelona; Fiter (1966) de Gerona; Foto Relisa de Madrid; Grafinsa de Palma de Mallorca; Pergamino, Vista Crom (1973), Artfi (1968), Distrex...

Es curiosa una tarjeta postal moderna, en la que se deleitan en preparar un suculento calderillo bejarano en la Fuente del Lobo, al estar positivada al revés.

 

 
Las tarjetas se utilizan también como soporte publicitario de una fábrica textil (don Antonio Gosálvez e Hijos) y de un establecimiento comercial (ferretería de Hijo de Daniel R. Arias). Para informar del cierre vacacional de una industria (don Esteban Gutiérrez). Para felicitar el año nuevo (Textil Selecta). Para felicitar las fiestas y desear un buen viaje (incluyendo la receta del calderillo bejarano)... Y con un fragmento de la poesía que Gabriel y Galán dedica al Castañar (Santuario de Ntra. Sra. del Castañar).

La tarjeta postal ilustrada, es un testimonio importante para poder apreciar el desarrollo de los lugares más representativos de nuestras ciudades en los últimos cien años. De Béjar, nos muestran vistas parciales, la cuenca fabril, la estación del ferrocarril, el Bosque, el Castañar...
Existen tarjetas realizadas con montajes fotográficos, como la ejecutada por Requena en 1956, con la imagen de la Virgen del Castañar y el santuario, entre varios castaños. También Pañerías Béjar hace una serie de tarjetas, incluyendo en cada una de ellas, varias vistas de Béjar y Candelario.

La Casa Junquera, en una tarjeta de la década de 1910, nos ubica en la Sierra, el Pantano de Navamuño. En otra del año 1940, encontramos al matrimonio Requena junto a la Laguna Grande del Trampal. También apreciamos la evolución de una parte de la Ciudad, en una serie de fotografías enmarcadas con diferentes galerías orientadas al mediodía.

Existen tarjetas antiguas de la muralla, en particular de la puerta del Pico, que se encuentra tapiada; de la puerta de San Pedro o de San Antón y de la legendaria puerta de la Traición, con el consumero descansando junto a su garita.

También de la iglesia de Santiago (Nuestra Señora de la Antigua), con una construcción añadida, una fuente y la entrada a un cementerio. Y subiendo por las enrolladas calles, encontramos tarjetas de una fachada, con tres líneas de canes y una antigua puerta de madera; de la Plaza Mayor de Maldonado con mercados y ferias; de los escaparates de una afamada ferretería, de mujeres del vecindario cogiendo agua en una fuente situada en el centro de la plaza de la Piedad y del edificio del Ayuntamiento junto a la iglesia de San Gil.
En las antiguas tarjetas de la Plaza de España, la ornamentación refleja y soporta, las diferentes épocas por las que transcurre la Ciudad. Pasa por tener en su centro, una torre con un reloj y su correspondiente campanil (durante su ejecución, don Alfonso XIII le calificó de “feo estorbo”); diferentes báculos con una, dos y cinco lámparas, este último, rodeado de un jardín; una fuente luminosa, etc., etc. También nos recuerdan: El almacén de coloniales, el parador y la entrada al parque municipal con su hermosa verja. (¿Ande andará?).

Y de Béjar al Castañar y... Hay tarjetas en la que se ve el inicio del arbolado camino al Castañar, una pequeña casa con su primer piso construido con maderas; la Colonia Madrileña; el monumento al Sagrado Corazón de Jesús; la entrada a la Fuente del Lobo, calificado de sitio delicioso; la Virgen del Castañar, la ermita con una pequeña espadaña con dos campanas, la casa del ermitaño y procesiones por los alrededores.

En la actualidad, en el ascenso de Béjar al Castañar, una placa con una inscripción conmemorativa sale al encuentro, (probablemente necesaria en el ámbito burócrata y muy de moda también en la Villa y Corte, que como hongos, aparece en todas y cada una de las obras recientemente inauguradas) y que se podía acompañar con otras de diversa índole, que con indicaciones del paraje o con versos referentes al Monte, sirvieran para poder descansar tanto el cuerpo como el espíritu.

En las próximas tarjetas postales ilustradas aparecerán las instalaciones de la estación invernal de la Covatilla, el Museo Judío, el Museo Textil...

BÉJAR EN MADRID. Tarjeta postal ilustrada de Béjar. Publicado el 26 de abril de 2002. JAM-BÉJAR.

5 dic 2011

Plano Ventura Lirios


JUAN  TENA  HERNÁNDEZ,  DE  PROFESIÓN  MILITAR


Don Robustiano García Nieto, Cronista de Béjar, en el año 1903 se lamenta del comportamiento del alcalde, pues este no le devuelve las copias de unos documentos que le había dejado. Dichas copias, hacen referencia al ilustre bejarano, general D. Juan Tena y al bizarro general Pardiñas, las tiene mucho aprecio por tratar de personas eminentes y de grato recuerdo para nuestro pueblo.

El general don Ramón Pardiñas venció en el año 1838 a los carlistas de Béjar, motivo para que una de nuestras calles se denomine General Pardiñas. (Un pequeño artículo publicado el 1 de septiembre de 2000 en Béjar en Madrid con el título Pancarta de Béjar en Madrid hace referencia al enfrentamiento de los bejaranos con los carlistas en los años 1867 y 1868).

¿Quién es el ilustre bejarano, general D. Juan Tena?. Después de pedir información del ilustre bejarano en diferentes archivos militares y de indias, es en el Archivo General Militar de Segovia donde dan contestación a la pregunta. Gracias.

Don Juan José Tena Hernández - Agero nace en la villa de Béjar, el 9 de diciembre de 1787. Es hijo de Juan Tena y de Manuela Hernández Agero. Su padre, Juan Tena, es hijo de Antonio de Tena natural de Béjar y de Manuela Muñoz natural de Aldeanueva de las Monjas y su madre, Manuela Hernández Agero, es hija de Manuel Hernández - Agero y de Rosa Martín, ambos nacidos en Béjar. Le bautizan, el día 16 del mismo mes, en la iglesia parroquial del Salvador.

Intentando resumir su amplio historial, averiguamos que nuestro paisano, don Juan Tena, inicia su carrera militar en el año 1808, como voluntario en el Regimiento de Infantería de Salamanca. Combate con el Ejército de Castilla en la batalla de Rioseco.

En el año siguiente, en la batalla de Uclés, es hecho prisionero de guerra, fugándose a los pocos días. Se incorpora al Regimiento de Infantería de Toledo, uniéndose al ejército que se retira hasta la Isla de León, motivo por el que le conceden una Cruz de Distinción. Tres años permanece en la Academia de la Isla del León. En el año 1811, consigue otra Cruz de Distinción luchando contra los franceses en la batalla de Chiclana. Deja la Academia en abril de1813.

(En 1810, en la asediada Isla de León, se reúnen los representantes de las provincias invadidas por los franceses con los diputados, para dar lugar a la apertura de las Cortes. Prepararon la Constitución que se promulga en el año 1812. Antes de trasladarse a Madrid, las Cortes de Cádiz dan a la Isla de León el título de ciudad con el nombre de San Fernando, como recompensa a los esfuerzos hechos por sus habitantes a favor de la independencia).

Don Juan Tena ingresa en el Ejército de Castilla con el que sigue luchando contra los franceses. Participa en la batalla de San Marcial y por su acción destacada le otorgan una Cruz de Distinción. Combate en el paso del río Bidasoa, en la línea de Urrugne, en Ascain, en el paso del río Nivelle, en Vivigorre (¿Bigorre?), en Tarbes y en Tolosa (Francia), por esta última contienda le asignan otra Cruz de Distinción. Regresa a España en el mes de abril de 1814.

Ya en España, forma parte de las guarniciones de Guipúzcoa y de Alcalá de Henares. Estando en esta última ciudad, le destinan al Virreinato de Perú con el grado de Capitán General de Ingenieros.

Para trasladarse a su nuevo destino, embarca en Cádiz el 10 de abril del año 1816, llegando al Collado de Lima el 20 de septiembre, (solo tarda cinco meses en hacer la travesía). Se incorpora al Ejército Real de Operaciones del Alto Perú.

Interviene en la pacificación de las provincias de Santa Elena, Sinti, Tarifa y Jujui y en varias expediciones a los partidos de Moza, Ayopaya e Irupana. En 1820 participa en acciones contra los enemigos que habían ocupado Jujui y Salta, estas provincias pertenecen a la República de Argentina y habían conseguido su independencia formal en 1816.

En el año 1822, por orden del Virrey del Alto Perú, reconoce la laguna de Chucuito (conocida actualmente por lago Titicaca), construyendo un fuerte de campaña para evitar que pasaran a manos enemigas los objetos de oficina, de cuenta y razón y los pertrechos militares.

En 1823, don Juan Tena, estando atrincherado en la Casa de Moneda de Pososí, sale en persecución de las tropas del caudillo Bermúdez con las guarniciones de La Paz y Oruro, consiguiendo en los pueblos de Torota y Moquegua su derrota total. Con el ejército de Lima vence a las tropas del caudillo Santa Cruz que había invadido las provincias de La Paz, Oruro y Cochavamba.

El Alto Perú obtiene la independencia de España con la batalla de Ayacucho, el 9 de diciembre de 1824, tras una guerra que se había iniciado en 1809. Desde el año 1825, el Alto Perú recibe el nombre de República de Bolivia, en homenaje al libertador y primer presidente de la nación, el General Simón Bolívar. Al día siguiente de la derrota de los españoles, don Juan Tena es hecho prisionero de guerra.

En octubre de 1825, contrae matrimonio con doña María Mercedes Larrea y Villavicencio, hija del Ministro Contador de las Reales Cajas de la Ciudad de Cuzco.

El día 8 de diciembre del mismo año, es puesto en libertad y regresa a España. Llega al puerto de Vigo, el 4 de mayo de 1826. Por sus distinguidas acciones militares en el Alto Perú, le conceden la Cruz del Ejército del Perú.

En el año 1831, en su hoja de servicios se manifiesta: Penetrado el Gobierno de S. M. de la necesidad de alejar del vecino reino de Portugal a don Carlos, que protegido por el infante don Miguel, conspiraba abiertamente contra la seguridad del Trono de S. M. la Reina doña Isabel II, dispuso que el ejército de observación hasta entonces situado en la frontera de dicho Reino, se internase en Él, bajo las inmediatas órdenes del E. S. Teniente Gral. Don José Ramón Rodil, el que tuvo por conveniente consultarlo al Gobierno para jefe de P. M. de las tropas que estaban a sus órdenes en Extremadura. Don Juan Tena debe desempeñar en Portugal un cargo político-militar. Mantiene enfrentamientos con las tropas del infante don Miguel, en Elvas y Campomayor, consiguiendo que don Carlos abandone Portugal. Tanto por la buena labor que desempeña en su cargo, como por el fin conseguido, Su Majestad le recompensa con el empleo de Brigadier de Infantería.

El 29 de septiembre de 1833 muere Fernando VII y su hija Isabel es proclamada reina a pesar de tener tan solo tres años. Dos días después, Carlos María Isidro de Borbón, hermano del rey difunto, reivindica el trono. San Sebastián toma partido por los liberales, siendo su ayuntamiento es el primero en reconocer a Isabel II y la mayor parte de la provincia de Guipúzcoa se pone a favor de los carlistas, con la creencia de que así defenderían mejor sus Fueros.

Las tropas destinadas en Portugal se trasladan a las provincias Vascongadas y Navarra para seguir frenando a los carlistas. Llegarán a  enfrentarse a Zumalacarregui y a don Carlos.

Don Juan Tena se encarga del gobierno militar de San Sebastián, rechaza con éxito las tentativas que sobre ella hicieron y castigando con justicia las conspiraciones consecuentes en guerra de esta especie. Como consecuencia de la labor político-militar que desarrolla, en el año 1835, es nombrado Jefe del Ejército del Norte.

En Vitoria se forma una sección permanente para resolver los expedientes relacionados con circunstancias particulares y que deben de examinarse con detenimiento, también en Nájera se crea un depósito militar destinado a reconocer a soldados convalecientes y poderles dar las licencias correspondientes, estos establecimientos se pusieron bajo su inspección, lo fomentó y organizó con utilidad y economía para el Estado.

Desde Santander, en 1837, se encarga de la revista e inspección de todas las fuerzas del Ejército del Norte y la misión de licenciar y ajustar la Legión Auxiliar Británica, que concluía su contrato y debía de reorganizarla de nuevo, bajo las normas establecidas por el Gobierno. Por este servicio, Su Majestad le concede la Cruz de la Real y distinguida Orden de Carlos III. Durante un periodo de tiempo, ocupa el puesto de Jefe de la Plana Mayor General del Estado de las fuerzas de operaciones de las provincias Vascongadas y Navarra. La Legión fue disuelta y volvió a Inglaterra en el año 1838.

En 1838 le nombran Mariscal de Campo y segundo Jefe del Estado Mayor General del Ejército del Norte. También en este año, le conceden por su antigüedad en el ejército, la Gran Cruz de San Hermenegildo.

Participó, en el año 1839, en diferentes operaciones militares sobre Ramales y Guardamina, hasta hacer prisionera a sus guarniciones. En este año, el Jefe del Estado Mayor General del Ejército del Norte, el general ODonell, pasa a ser el Jefe del Ejército del Centro y don Juan Tena ocupa interinamente el puesto de Jefe del Ejército del Norte. Ataca con éxito a las tropas carlistas en Villarreal de Álava y en la cordillera de Arlabán, hechos que le sirven para conseguir la Gran Cruz de la Real Orden Americana de Isabel la Católica.

Después de una pequeña resistencia en Ochandiano y en el convento fortificado de San Antonio, avanza con su tropa hasta Durango. Tras dar las disposiciones oportunas para asegurar militarmente las guarniciones de Vitoria y Bilbao sigue combatiendo con éxito desde Elgueta hasta Mondragón.

El día 31 de agosto de 1839 se verificó el célebre Acuerdo de Vergara. En este extraordinario y grande acontecimiento tuvo la parte que es consiguiente al Jefe que ocupa el segundo lugar en el Ejército. Con este acuerdo finaliza, en teoría, la primera guerra carlista, creándose una paz precaria y poco duradera.

Después del Acuerdo, don Carlos se replegó a los montes de Navarra, con batallones de navarros y alaveses.

Don Juan Tena manda el ejército a Tolosa en busca de las fuerzas carlistas y consigue que se concentren en los valles de Bastán, Urdax y en el puerto de Amalla. Tras un regular combate, estas tropas carlistas se ven obligadas a refugiarse en Francia. Algunos batallones carlistas quedaron en Estella imposibilitados de reunirse al grueso de sus fuerzas a causa de la rapidez de nuestros movimientos, estos reconocieron al gobierno legítimo de S. M. la Reina bajo las mismas condiciones que las convenidas en Vergara, unos y otros fueron licenciados y las provincias del Norte libres de enemigos, quedaron con un cuerpo de Ejército capaz de sostener el orden de tranquilidad interior y el decoro del Gobierno de S. M.

Organiza un cuerpo de ejército y marcha hacia Aragón y Cataluña. Llega a Zaragoza donde coordina a jefes y oficiales de diferentes cuerpos y Un parque de artillería, otro de ingenieros, brigadas de carros y acémilas para el reparto del material, la remisión de los víveres a los almacenes, de los efectos de mensaje para establecer los hospitales fijos y ambulantes y últimamente todos los recursos necesarios para que un ejército numeroso operase en puntos distantes de sus repuestos cumpliéndose en rendir una porción de fortificaciones que requerían aprestos de consideración.

En Zaragoza, en los primeros días de febrero de 1840, tiene reunido un parque de Artillería y otro de Ingenieros, como nunca la Nación había reunido en otras campañas. Con las brigadas de transporte traslada a Numiesa el material indispensable para los sitios de Segura y Castellote y el resto del material le envía a Alcañíz, para poder rendir en su día la plaza de Morella. A finales de febrero la guarnición de Segura es hecha prisionera de guerra y a finales de marzo la del castillo de Castellote. Por los servicios prestados, le conceden la Gran Cruz de la Orden militar y nacional de San Fernando. A finales de mayo se enfrenta con éxito a la guarnición de Morella, haciendo más de tres mil prisioneros de guerra, tomando un considerable material de artillería. Por estas acciones le otorgan la Gran Cruz de la Real y distinguida Orden de Carlos III y una Cruz de Distinción por el sitio y toma de la plaza del ducado de Morella. Con las ocupaciones sucesivas de todas las fortalezas enemigas, hacen que los carlistas abandonen las provincias de Aragón y Valencia y se replieguen en Cataluña. A primeros de julio de 1840, don Juan Tena vence a las fuerzas carlistas en Berga, haciendo que se retiren a Francia. Le conceden una cruz por el salto y toma del fuerte de Irún.

Después de distribuir el ejército de modo más conforme para asegurar la paz, se traslada a Madrid, al Cuartel General del Ejército, como Director General del Cuerpo del Estado Mayor del Ejército. Estando en el Cuartel General, le conceden la Cruz de Comendador de la Orden Real de la Legión de Honor de Francia.

En el año 1841 contribuye a rechazar la agresión que tuvo lugar la noche del 7 de octubre en el Palacio Real, de Madrid, por los generales Concha y Diego de León. Estos generales pretendieron dar un golpe de fuerza, intentando colocar a la Reina María Cristina en la regencia del Trono. Por su comportamiento le concede el Gobierno la Cruz de Distinción.

En este mismo año, por orden de S. A. el Regente del Reino, son disueltos los ejércitos reunidos y por tanto cesa en las funciones de Jefe del Estado Mayor General, continuando en el desempeño de la Dirección General de dicho cuerpo.

En el año 1845, don Juan Tena Hernández cesa del cargo de Director General del Cuerpo del Estado Mayor de Ingenieros. Continua en el Cuartel hasta que fallece el día 26 de junio de 1853.

Paciencia don Robustiano, solo ha pasado un siglo desde su enfado, usted no recuperó las copias de los documentos y nuestro ilustre paisano y colombroño, Mariscal de Campo, Excmo. Sr. D. Juan José Tena Hernández - Agero, persona eminente y de grato recuerdo para nuestro pueblo, sigue sin tener un hueco meritorio en la Historia de nuestra Ciudad.

BÉJAR EN MADRID. Publicado el 13 de diciembre de 2002 y 24 de enero de 2003. Juan Tena Hernández, de profesión militar. JAM-BÉJAR

4 dic 2011

Nuestro San Gil (3/3)




































RETABLO DE LA IGLESIA DE SAN GIL

Tras la creación del hospital en la iglesia de San Gil, el traslado de éste al convento de San Francisco y la creación de un museo en su secularizada iglesia, centrémonos en el retablo que se realizó para ella:

El retablo está formado por once tablas de nogal recubiertas con un lienzo y pintadas al óleo, dispuestas en cinco calles y en horizontal en una predela y dos cuerpos. En las once tablas están realizadas trece pinturas.

Es de estilo gótico, finales del siglo XV. Propiedad del Excmo. Ayuntamiento de Béjar, como muy claramente reza en la leyenda de su base.

En la predela, dos tablas apaisadas con sendas escenas de los últimos años de Jesucristo. En una, la Oración del Huerto y Muerte en el monte Calvario y en la otra, la Quinta Angustia de María y Aparición de Cristo a la Magdalena. Estas tablas son las que tienen los detalles más precisos de todo el retablo, como si hubieran sido pintadas por otro artista. Las dimensiones, de cada una de las pinturas, son de 0,73 por 0,59 metros.

En el primer cuerpo se disponen cuatro tablas con escenas de los primeros años de la vida de Jesús: El Nacimiento, Adoración de los Reyes Magos, Presentación de Jesús en el Templo y Huida a Egipto. Las dimensiones, de cada una de ellas, son de 1,12 por 0,55 metros.

En el segundo cuerpo otras cuatro tablas, de iguales dimensiones que las precedentes, que se refieren a la vida y muerte de San Gil y una del Santo, situada entre las anteriores. En las dos de la izquierda se representa al rey Childeberto de caza frente a la cueva de San Gil y al Santo dando su capa a un enfermo que sanará al ponérsela. En las situadas a la derecha, en una aparece San Gil celebrando misa - a la que asiste el Rey - en el momento que un ángel revela al Santo un pecado oculto de Carlomagno, siendo este último liberado del demonio y en la otra, la muerte de San Gil, rodeado de monjes y un ángel subiendo su alma en forma de niño.

En la única tabla de la calle central, situada entre las descritas anteriormente, se representa a San Gil nimbado, vestido con larga túnica y capa. En la mano derecha un báculo y en la izquierda muestra un libro abierto donde se lee:“Sante Egide natione grequs a preclaris parentibus originem duxit ora pro populo e pro vila ista”. Delante del santo una pequeña cierva y en el fondo un dosel brocado. Sus dimensiones son de 1,50 por 0,63 metros (1).

Desde la secularización de la iglesia de San Gil, el retablo se guardaba en el convento de San Francisco. Está en muy mal estado de conservación y don Ramón Olleros Gregorio, alcalde de Béjar (1957-1962), considera que es necesaria su restauración y se lo encarga a don Francisco Núñez de Celis, profesor de la Escuela Central de Bellas Artes de San Fernando, de Madrid (2).

En cuanto a los detalles de los trabajos de restauración que se realizaron en algunas de las tablas del retablo en la Escuela de Bellas Artes, podemos destacar que:

Durante el curso 1958-1959, dirigido por el profesor don Francisco Núñez Losada, se restaura la tabla en la que se representa al rey Childeberto de caza, frente a la cueva de San Gil. Se encuentra desajustada, el color desprendiéndose en varias zonas, grietas y agujeros. Se procede al ajuste y encolado de las tablas, sentado del color, estucado, limpieza, retoque y barnizado.

En el mismo curso, se repara la tabla de la Misa de San Gil que está en similares condiciones y se aplican las mismas técnicas empleadas en la anterior, realizando el trabajo doña Pilar Seoane y también se restaura la que tiene las imágenes de la muerte de San Gil, que además de la veladura por suciedad, presenta travesaños sueltos, desprendimiento de pintura en algunas zonas y ocho agujeros. Se realiza el ajuste y encolado de los travesaños, encalado de las juntas de las tablas en la cara posterior, relleno de los agujeros, estucado, limpieza y retoque. Del trabajo se encomienda doña Amalia Escauriaza.

En el curso 1959-1960, bajo la dirección del profesor don Francisco Núñez de Celis, se restaura la tabla de la Presentación de Jesús en el Templo. Se encuentra con los listones de sujeción sueltos y rotos y en varias zonas, la pintura en malas condiciones como consecuencia de una restauración anterior deficiente. Se procede a la fijación de los listones y encolado de la tabla en su cara posterior. Doña Ana Muñoz González se encarga de su restauración.

Una vez restaurado, en octubre de 1960, don Ramón Olleros Gregorio envía un oficio a don Francisco Núñez de Celis, en el que le manifiesta el gran interés que ha puesto en realizar el encargo y le adjunta una fotografía del retablo una vez montado provisionalmente en Béjar (3).

El retablo de San Gil ha inspirado a lo largo del tiempo a insignes escritores e investigadores (4) entre los que destacamos a:

Don Juan Muñoz García, en 1920, publica en Béjar en Madrid un artículo con el título: Los Cuadros del Retablo de San Gil. En él comenta: “Diez cuadros se conservan en el hospital, procedentes del retablo de la iglesia de San Gil... Pocas son, en verdad, nuestras obras de arte, y hora ya de reunirlas, formando con ellas el Museo bejarano, que se ha pedido desde estas mismas columnas, que impediría nuevos deterioros y sería una obra de cultura y progreso”.


Don Emilio Muñoz, en el año 1924, en B. en M., propone la creación de un museo donde conservar los cuadros (5). “Los cuadros procedentes del viejo retablo de San Gil, se trasladarán desde el Hospital (Se refiere al existente en el convento de San Francisco), en donde están, a un lugar en el que, instalados decorosamente y bien cuidados, pudieran admirarse por las gentes doctas y por cuantas, llevadas de tan noble y legítimo deseo, así lo desearan. Pero nos parecería mejor, que esa interesante obra de arte fuese la primera destinada a un museo de Arqueología y de Industria bejaranas. Se nutriría éste y se haría más interesante con los productos, artefactos, etc. de nuestra industria actual y de la pretérita que, por cierto, si la realización de la idea se demora, será más difícil de cada vez procurar. Con las tablas citadas podría llevarse la famosa lápida hebraica que hay en las escuelas del Salvador, la otra romana conocida por “Valentino”, que está en el Consistorio viejo y otros objetos, algún cuadro, etc., que ya posee el Ayuntamiento. Todo esto y lo que pudiera surgir, acreditaría su valor particular reunido y catalogado debidamente”.


Don Antonio García Boiza, hace una descripción del retablo en su obra “Inventario de los Castillos, Murallas, Puentes, Monasterios, Ermitas, Lugares... en la provincia de Salamanca”, publicada en 1937 por la Diputación de Salamanca. Precisa que le integran doce tablas y con calificaciones que textualmente publicará don Manuel Gómez-Moreno en su Catálogo Monumental de España.

Don Juan Muñoz García escribe en su mayor parte, dirige y edita a su costa, la obra “Ofrenda a la Santísima Virgen del Castañar Excelsa Patrona de Béjar y su Comarca” en recuerdo del Quinto Centenario de su Aparición en el monte Castañar, de Béjar. En el segundo volumen, editado en 1963, en uno de sus trabajos: “Los cuadros del Retablo de San Gil” (6), comenta que se conservan en el hospital “las bellísimas pinturas de arte castellano, que aludiendo a su procedencia, se denominan Los Cuadros del Hospital, y son, pese a sus deterioros, las once valiosas tablas”.
De su autoría, don Juan considera que aunque merecen ser de Pedro Berruguete, pueden ser de su colaborador, el gran pintor castellano Antonio del Rincón, pintor de cámara de los Reyes Católicos y que éstos pudieron relacionarse con don Álvaro de Zúñiga, Duque de Béjar, primo de los monarcas, además de tener éste el cargo de Justicia Mayor de Castilla.

Don Manuel Gómez-Moreno en su Catálogo Monumental de España, publicado por el Ministerio de Educación y Ciencia en el año 1967, con datos tomados por el autor en el año 1901. Afirma que el retablo se conserva en la capilla del convento de San Francisco, formado por doce tablas y realizado por algún discípulo de Fernando Gallego.

Don Federico Torralba Soriano en su obra Museo de Béjar (Catálogo) publicado por el Centro de Estudios Salmantinos en 1972, cataloga las trece tablas góticas del retablo de San Gil, trascribe el estudio realizado por don Manuel Gómez-Moreno en su Catálogo Monumental de España y añade: “Cuando Gómez Moreno vio estas tablas había deterioros que han sido reparados en una restauración reciente. De todas formas es seguro que hay ya repintes antiguos. Es evidente la influencia en estas tablas del maestro de Ávila y no deja de haber seguramente repercusión del arte y estilo de Bermejo, incluso en la figura principal. En todo caso me atrevería a ver aquí dos manos, al menos, en la elaboración de las tablas”.

RETABLO MUSEÍSTICO

El retablo de la antigua iglesia de San Gil que estuvo en el convento de San Francisco y en Madrid para su restauración, una vez restaurado, se instala en el Museo Municipal de la Casa de la Cultura, desde donde regresará al ábside de la antigua iglesia de San Gil, actual sala de exposiciones temporales, ¡su lugar de origen!


Retablo en el Museo Municipal de la Casa de la Cultura.

El restaurado retablo de San Gil se instala en el Museo Municipal de Béjar, dependencias de la Casa de la Cultura, que en 1966 se crea en el Palacio Ducal de la Plaza Mayor de Maldonado.

En este museo también se expone una lápida hebrea encontrada en Béjar, el legado de Valeriano Salas (7), un retrato de Mateo Hernández (8), una imagen de la Virgen María del siglo XV (actualmente expuesta junto al retablo, en el ábside de la antigua iglesia de San Gil), otras donaciones de pinturas y esculturas y algunos fondos propiedad del municipio.

En 1967, la Dirección General de Bellas Artes entrega cinco esculturas de Mateo Hernández en depósito a cambio de la lápida hebrea (9), que pasan a formar parte del Museo Municipal: Camello dormido, tallada en 1917; Fernande en granito verde, en 1920; Retrato de la pintora portuguesa Sara Alfonso (10), en 1924; Bañista, en 1925 y Autorretrato, en 1941.

Retablo en el ábside de la antigua iglesia de San Gil.
Durante la construcción del Museo Municipal Mateo Hernández, de 1976 al 1979, se restaura también el ábside.

Se reconstruye la cubierta, la cornisa y el arco de entrada. Se repone el solado con placas de granito. Se desmonta, de su fachada sur, la hornacina con la Virgen de la Leche, los escudos de armas y la cruz, que se colocarán en la fachada principal del que será el museo “Mateo Hernández”. También se instala una adecuada iluminación ambiental y la posibilidad de una especial que se adapte a las exposiciones que allí se celebren.

Su inauguración es en el año 1980.

Después de casi un siglo, el retablo retorna del Museo Municipal de la Casa de la Cultura al ábside de la antigua iglesia de San Gil (11).

Desde su ubicación actual, siglos de historia nos hablan de nuestro San Gil, de nuestro peregrinar y de nuestro patrimonio cultural que brilla con luz propia, sin la necesidad de ser iluminado por los declinantes rayos de un sol estival...

... Y cuando visite con mi hermano una exposición temporal en el ábside de la antigua iglesia de San Gil, el retablo de nuestro San Gil seguirá brillando.

(1) - Las dimensiones de las pinturas están tomadas de don Antonio García Boiza y de don Manuel Gómez Moreno. El ancho real de la pintura de San Gil es superior a la que estos escritores consider

(2) - Documentado en la colección personal de temas bejaranos.

(3) - El periódico ABC, en huecograbado, informa de la restauración de las tablas del retablo de San Gil.

(4) - Consideran que el número de tablas que constituyen el retablo de la iglesia de San Gil son diez, once, doce o trece.

(5) - Don Máximo Hernández y don Antonio Martín Lázaro, en un artículo titulado “El museo de Arqueología e Industria bejaranas”, publicado en B. en M., se adhieren a la idea de don Emilio Muñoz.

(6)- Seguramente, el escrito de don Juan Muñoz García se tenía que haber incluido en el primer tomo de la “Ofrenda a la Santísima Virgen del Castañar...” que se edita en el año 1954, pues en 1963 ya estaba restaurado el retablo.

(7) - El legado de don Valeriano Salas está formado por una colección de pinturas, manufacturas europeas y obras de arte oriental, donada al Excmo. Ayuntamiento de Béjar por la Ilma. Sra. doña María Antonia Tellechea Otalmendi, viuda del bejarano don Valeriano Salas, cumpliendo los deseos de este. Doña María amplió la donación prevista.

(8) - Realizado por el pintor francés André Dunoyer de Segonzac.

(9) - Esta lauda con inscripción hebrea encontrada en Béjar, se expone y es expuesta, junto a otras seis, a las inclemencias del tiempo, en el Museo Sefardí, sala II, ubicado en la sinagoga del Tránsito de la ciudad de Toledo.

(10) - No se halla en Béjar como era de esperar, sino en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid, planta segunda, sala número 13, dedicada al arte español de los años 20 y 30. Es la única obra de Mateo Hernández expuesta en el Museo.

(11) - En esta instalación del retablo, se utiliza el espacio libre de la calle central de la predela y del primer piso, que probablemente se destinó para ubicar el tabernáculo, para exponer una imagen de madera de la Virgen María, del siglo XV. En ella todavía se aprecian restos de materiales que se utilizaron en su ejecución y pintura original.

BÉJAR EN MADRID. Publicado en el Especial de Navidad de 2005. Nuestro San Gil. Sante Egide ora pro populo e pro vila ista. JAM-BÉJAR.

3 dic 2011

Nuestro San Gil (2/3)



SECULARIZACIÓN DE LA IGLESIA DE SAN GIL

Retomemos la iglesia de San Gil que habíamos dejado, en el año 1867, con la salida de los enfermos que estaban en el hospital de la nave de la iglesia.

Al salir los enfermos de San Gil, en la capilla del ábside de la iglesia, se celebrarían menos actos religiosos. El Consistorio considera el trasladado de la capilla a otra construida en el hospital del convento de San Francisco y así poder anexionar el ábside a la nave de la antigua iglesia; petición que propone a Roma.

En el mes de noviembre de 1893, la Sagrada Congregación de Cardenales intérpretes del Santo Concilio de Trento autoriza dicha demanda (1).

En diciembre del mismo año, don Mariano Zúñiga Sánchez, alcalde de Béjar, se dirige al señor obispo de la diócesis de Plasencia, don Pedro Casas y Souto, para que se digne a ordenar el traslado autorizado.

En la contestación del señor obispo, en enero de 1894, es consecuente con dicho traslado e incluye diversas consideraciones.

El señor obispo confiere a don Miguel Vegas, arcipreste del partido y párroco de San Juan, la autoridad para su instrucción y ejecución; pues la iglesia del convento de San Francisco está ubicada en la parroquia que él dirige.

El Comisionado, cumpliendo las determinaciones ordenadas por el señor obispo, informa al Municipio que, una vez realizado el traslado y si el ábside es destinado a usos profanos, estos no deberán ser sórdidos e indecentes, física o moralmente; como servir de cuadra de bestias, escusados, lupanares, matadero, etc. Que se coloque una cruz en la puerta que recuerde que fue una iglesia. Los retablos, aras, ornamentos, imágenes, etc. se lleven al convento. La imagen de Nuestra Señora de la Salud pasará a su cofradía, que ha estado siempre en la iglesia de San Salvador y los papeles, al archivo de dicha parroquia; excepto los referentes a las cargas pías, que se llevarán a la iglesia del convento.

En el mes de octubre de 1894, se procede al traslado de la suprimida iglesia de San Gil. Para dicho evento, en la Casa Consistorial se congrega una numerosa comitiva presidida por el alcalde de Béjar, don Fernando Asensio Muñoz y los concejales don Vicente Lozano Illán, don Modesto Martín Marcos, don Benicio Muñoz de la Peña, don Álvaro Herrero Fraile, don Rufino Raulet Muñoz, don Justo Pastor Martín, don José Vidal Godoy y don Domingo Collantes González, que se dirigen, precedidos por los maceros de la Corporación Municipal y una banda de música, a la iglesia de San Gil. Con las imágenes y los restos mortales de doña Juana de Carvajal, seguirá la comitiva a la nueva capilla construida en el hospital de San Francisco.

Se trasladan las imágenes de San Francisco de Asís, Santo Domingo, de la Divina Pastora, de Jesús de Nazareno y de Nuestra Señora de los Dolores y una caja de zinc con los restos mortales de doña Juana de Carvajal, de sus padres y de su hijo. En la caja que contiene los restos, se coloca un bote de lata con un acta en el que se da cuenta del traslado de aquellos restos, fecha en el que se realiza, causa que lo ha motivado y autorización para ello obtenida; también en el bote se guardaron algunas monedas modernas.

“En la referida nueva Capilla del hospital, esperaban la llegada del municipio, el presbítero, don Marcelino Hernández Sánchez, Administrador del Santo Asilo, don Miguel Vegas, Arcipreste de este Partido, con el Venerable Clero, la Autoridad militar, los Directores y redactores de los diferentes periódicos de la localidad, y un respetable, y numeroso público, en que estaban representadas todas las fortunas y condiciones de estos vecinos”. Archivo Histórico de Béjar. Código 3.07.02.01. Signatura 793.4. Título: Traslado del retablo, efigies y ornamentos de la capilla de San Gil y reclamación por la venta de sus cuadros.

Don Miguel Vegas, para el total cumplimiento del rescripto del señor obispo, manda realizar un acta del traslado de la iglesia de San Gil a la iglesia del convento de San Francisco que se archiva en la nueva capilla. Del acta se hacen dos copias literales, una para el Ayuntamiento y otra para la Secretaría de Cámara y Gobierno del obispado.

En el transcurso del tiempo, el sepulcro con los restos de doña Juana de Carvajal, de sus padres e hijo, se traslada al pórtico del cementerio de San Miguel y de allí a la iglesia de Santiago, más conocida popularmente por La Antigua.

MUSEO EN LA IGLESIA DE SAN GIL

En el lugar donde estuvo la nave de la antigua iglesia de San Gil, que había sido habilitado para hospital, se construye un edificio que a lo largo de los años albergará la Escuela de Artes y Oficios, Biblioteca Popular, Juzgado,... Con la última reforma ocurrida en 1941, el edificio se utiliza hasta el año 1974 para albergar la Casa Consistorial; en el mismo edificio, hay dependencias para la policía municipal y gubernativa.

En San Gil también estuvieron las oficinas de la Organización Nacional de Ciegos Españoles y los comedores de la obra benéfica conocida por Cocina Económica.

El Ayuntamiento se traslada al Palacio Ducal, a unas dependencias donde había estado la Biblioteca Municipal.

Para la que había sido Casa Consistorial, se realiza un primer proyecto de consolidación y modernización, en el que se incorpora el ábside como salón de sesiones; pero el edificio se encuentra en muy mal estado y el presupuesto aprobado no alcanzaría la realización de las obras previstas.

Don Pedro Carbajo Lozano, alcalde de Béjar, realiza gestiones con don Fernando Ballesteros Morales, Director General de Arquitectura, para ampliar el escaso presupuesto. Los resultados de dichas gestiones son positivos.

Durante este tiempo, el edificio que había servido de cárcel y recientemente restaurado, situado en la Plaza Mayor de Maldonado, deja de emplearse como Depósito Municipal y se piensa utilizar para ubicar el Museo Municipal que se encontraba en el Palacio Ducal.

Este edificio de la Plaza Mayor reúne unas condiciones mejores para instalar la Casa Consistorial y puesto que en San Gil había que construir otro nuevo dadas las deplorables condiciones en las que se encuentra, se opta por llevar la Casa Consistorial a la Plaza Mayor, previa autorización de Bellas Artes y de la Comisión Provincial de Servicios Técnicos y en San Gil hacer uno nuevo para ubicar el museo municipal.

En el año 1976, la Dirección General de Arquitectura, en el solar del edificio construido en la antigua iglesia de San Gil, inicia la edificación del museo municipal que tardará tres años en realizarse. Resulta de trazas muy modernas contrastadas con las de la torre y las del ábside.

En una hornacina situada en la fachada principal de este nuevo museo, se coloca una imagen de la Virgen de la Leche, a ambos lados de aquella, los escudos de armas pertenecientes a Zúñiga y a Carvajal y encima de la mencionada hornacina, una cruz. Dichos elementos escultóricos formaban parte de la fachada sur del ábside de la iglesia de San Gil.

Como ya hemos visto, el Ilmo. Sr. Obispo de Plasencia, don Martín de Córdova y Mendoza, había ordenado en el año 1575, que se colocaran a perpetuidad, el escudo de armas de doña María de Zúñiga y Guzmán y el de doña Juana de Carvajal, “Que se ponga el Escudo de Armas de la Sra. Duquesa a la mano dcha. y a la izquierda el de la Carvajal”. La cruz la mandó colocar, en 1894, el Ilmo. Sr. Obispo de Plasencia, don Pedro Casas y Souto.

El museo es inaugurado, en el año 1980, por don Juan Belén Cela, Alcalde de Béjar y con la asistencia del señor Martínez Novillo, Director General de Museos. Se denomina “Museo Municipal Mateo Hernández”.

En el año 1994, el “Museo Municipal Mateo Hernández” se destina para albergar exclusivamente esculturas, denominándose “Museo Municipal de Escultura Mateo Hernández”. El resto de las colecciones que se encontraban en el museo, se instalan en el Centro Municipal de Cultura San Francisco. Este Centro se inaugura en el año 1997.

En la actualidad, en el “Museo Municipal de Escultura Mateo Hernández” hay cincuenta y una obras de este escultor, que constituyen el núcleo central más importante de las obras que donó el escultor al estado español. Una de estas obras, la denominada “Autorretrato sedente” (2), la más característica de Mateo Hernández, se encuentra instalada en el ábside a modo de pétreo protector y obstaculizando la visión del Retablo de San Gil.

Además, el Museo alberga veintinueve obras del escultor bejarano Francisco González Macías; una de Marino Amaya, escultor que tiene afinidades con la Ciudad; diferentes obras premiadas en las bienales de escultura que convoca el Ayuntamiento y en el frontispicio de su fachada principal, la Virgen de la Leche, una escultura muy antigua tallada en piedra.

(1) - Documentado en el Archivo Histórico de Béjar.

(2) - Esculpida en una piedra no deseada por el artista. Sufre las consecuencias de un incendio en el exterior del Palacio de Cristal del Parque del Retiro de Madrid, en el año 1953. Es restaurada y en febrero de 1962 llega a Béjar sin las referencias del accidente, colocándose en el jardín de la Puerta de Ávila. En septiembre del mismo año, con gran indignación, se ve que está dañada y se envía nuevamente a Madrid donde la vuelven a restaurar. En 1984 regresa a Béjar y es instalada en el ábside de la iglesia de San Gil.

BÉJAR EN MADRID. Publicado en el Especial de Navidad de 2005. Nuestro San Gil. Sante Egide ora pro populo e pro vila ista. JAM-BÉJAR.

2 dic 2011

HOMENAJE RUPERTO FRAILE- CASINO OBRERO

Hoy 2 de Diciembre el Casino Obrero rinde homenaje a uno de sus socios, Ruperto Fraile Álvarez.

Nuestro San Gil (1/3)















VIDA Y MILAGROS DE SAN GIL

Gil (1) nace en Atenas. Al quedar huérfano, entrega todos sus bienes a los pobres y para hacer penitencia, se traslada primeramente a una isla cerca de Atenas, desde donde parte hacia Francia buscando una vida de mayor recogimiento.

Se establece en las proximidades de la población de Arlés, muy cerca de la desembocadura del río Ródano. Se hace discípulo del santo prelado Cesáreo, obispo de Arlés y Nimes.

Gil hace vida de eremita en una cueva. Se alimenta de hierbas, de plantas silvestres y de la leche de una cierva que cuida.

Según la leyenda, estando en una cacería Childeberto - rey de los francos - divisan una magnífica cierva que persiguen cabalgando hasta la cueva donde Gil vive. Delante de esta, uno de los acompañantes lanza una flecha a la cierva que hiere al eremita. Después de curarle la herida, entre el rey y Gil nace una gran amistad.

El rey le propone que sea su consejero espiritual en palacio y ante la negativa de Gil y en agradecimiento por su amistad, le hace construir un monasterio en el mismo lugar donde se encuentra la cueva. Una vez construido, Gil es nombrado abad.

Con el paso del tiempo, en las proximidades del monasterio, surge la población de Saint-Gilles.

Gil fallece por el año 700.

En su iconografía aparece con el hábito benedictino, portando un libro que representa sus meditaciones y acompañado de una cierva. A menudo, clavada en su pecho, lleva la flecha que hiere a la cierva.

Su onomástica se celebra el día uno de septiembre.

A comienzos del siglo XII, Guido de Borgoña, que más tarde llegará al papado con el nombre de Calixto II, realiza una peregrinación a Santiago de Compostela. Le acompaña Aymeric Picaud, monje benedictino del monasterio de Cluny, que describe el viaje en un códice conocido por Codex Calixtinus o Liber Sancti Jacobi (2).

El cronista describe la ruta que deben seguir los peregrinos que se dirigen a la tumba del apóstol Santiago. A su paso por Arlés hace una glosa de la piadosísima vida de San Gil.

El monje, en el códice, relata algunos de los milagros de San Gil: Un enfermo se vistió su túnica y sanó; por su misma indefectible virtud se curó uno mordido por una serpiente; otro, poseído por el demonio, se libró; se calma la tempestad del mar; la hija de Teócrito encontró la salud largo tiempo deseada; un enfermo de todo el cuerpo, falto en absoluto de su salud, logró la apetecida curación; una cierva, antes indómita, domesticada por su mandato, se amansó; su orden monástica aumenta bajo su patronazgo abacial; un energúmeno fue librado del demonio; el pecado de Carlomagno, que le había sido revelado por un ángel, le fue perdonado al rey; un difunto fue devuelto a la vida; un paralítico tornó a su primitiva salud.

También narra otro de los milagros realizado por el Santo: Las dos puertas, regalo del Papa para el monasterio que le construye el rey, hace que lleguen por las aguas del mar, desde Roma al puerto de Ródano, sin que nadie las guíe, sólo con su poderoso mandato. Las puertas son de madera de ciprés y talladas con imágenes de los apóstoles.

Aymeric Picaud compendia la vida del Santo aseverando que después de los profetas y los apóstoles, ninguno entre los demás santos es más digno, más santo, más glorioso y ni más rápido en auxiliar a los que le invocan.

En el siglo XIII, trasladan el cuerpo de San Gil desde Saint-Gilles a Toulouse (3).

San Gil es abogado de pecadores. Los pastores, mendigos, tullidos y herreros lo tienen por patrono. Se le invoca contra el cáncer, lepra, peste y epilepsia, conocida ésta como el Mal de San Gil. Las madres solicitan su ayuda ante el miedo y las pesadillas de sus hijos.

La fama del santo hace que sea rápidamente conocido y se levanten templos bajo su advocación en muchos lugares de la cristiandad.



NAVE DE LA IGLESIA DE SAN GIL QUE SIRVIÓ DE HOSPITAL

Después de conocer algunas de las virtudes de San Gil, pasemos a la iglesia que bajo su advocación había en nuestra Ciudad:

La iglesia de San Gil estaba constituida por una nave, un ábside y una torre (4). Su construcción se puede remontar al siglo XIII. Anexos a ella existía un cementerio y un corral.

El interesante relato que nos ocupa en este capítulo, nos conducirá desde la creación de una fundación para la construcción de un hospital (5) hasta la salida de los enfermos del hospital habilitado en la nave de la iglesia de San Gil.

Esta parte de la historia de nuestra Villa se inicia en el año 1520, cuando doña Juana de Carvajal ordena que se realice una fundación para hacer un nuevo hospital.

Doña Juana, también manda fundar dos capellanías en la iglesia parroquial de San Gil (donde yacen sus padres y su hijo Pedro). Dona, para los dos capellanes, las rentas que produjesen la heredad que compró en Valdesangil; las de la Rasilla y de la Conteseja, en Becedas, que linda una con otra y las de unas casas que fueron de Rodrigo Quijada, cerca de San Gil. En los estatutos constitucionales considera beneficiar al más antiguo de ellos con las rentas de una huerta junto a Nuestra Señora de las Huertas y las de una viña que llamaban de Sancha Gil.

Trece años más tarde, en 1533, doña María de Zúñiga y Guzmán - viuda del duque de Béjar, don Álvaro II - también crea una fundación para construir un hospital y, para tal fin, dispone que se entreguen cien mil maravedíes anuales.

Tendrán que pasar varios años para que ambas fundaciones se utilicen con la finalidad para la que fueron creadas. Antes de que esto ocurra, en la Villa se realiza una reducción parroquial que influirá en la ubicación del nuevo hospital.

La Villa, en el año 1568, cuenta con ochocientos cincuenta vecinos, es decir, más de tres mil habitantes que se reparten entre las diez parroquias que tiene. Algunas de ellas con muy pocos parroquianos, mal atendidas y fuera del recinto amurallado; además, son pobres y desprovistas de ornamentos y servicios necesarios para el culto.

Ante tal situación, el señor obispo de Plasencia, don Pedro Ponce de León, manda reducir a tres el número de parroquias. Las parroquias de Santiago, San Pedro y San Andrés se anexionan a Santa María, la de San Gil a San Salvador y San Nicolás, Santo Domingo y San Miguel a San Juan.

Acaso, la parroquia de San Pedro es la que más impedimentos pone cuando se produce la reducción parroquial. La iglesia estaba junto a la muralla, en la zona situada al mediodía. Sus parroquianos, en su mayor parte, son labradores que habitan en las huertas y cortinales colindantes. Argumentan que su parroquia no es pobre y que pueden ir a su iglesia con la ropa del campo; cosa que no pueden hacer si tienen que ir a la lejana Santa María, sobre todo en tiempo de lluvias, que están las callejuelas intransitables.

El señor obispo de Plasencia, en el año 1568, también inicia los trámites para la creación de un solo hospital donde puedan ser bien cuidados los enfermos, pues estos reciben una mala asistencia en los hospitales que hay en la Villa.

Para tal propósito propone la nave de la iglesia de San Gil, reservando el ábside para las celebraciones religiosas. Pues dicha iglesia había dejado de ser parroquia y, como consecuencia, el número de fieles se había reducido considerablemente.

En el año 1575, después de siete años desde que se realizaron los primeros trámites, el obispo ordena la creación del nuevo hospital. Para llegar a esta decisión, ha tenido que intervenir la Casa Ducal, que expuso a su majestad el rey don Felipe II la necesidad de un nuevo hospital en la Villa, el cual, planteó dicha carencia al pontífice Gregorio XIII y, este a su vez, trasmitió la orden para su realización al señor obispo de Plasencia.

El señor obispo, don Martín de Córdova y Mendoza, sucesor de don Pedro Ponce de León, en junio del mismo año, ordena extinguir los cuatro hospitales (6) que son mantenidos por las correspondientes cofradías de San Miguel, San Antón, Santa María y San Andrés. Manda vender los edificios de las cofradías y los hospitales que de éstas dependen.

También propuso que las cofradías que tuvieran beneficios se dividieran éstos en dos partes, una para las cargas y gastos de las cofradías extinguidas y otra para las fundaciones realizadas por doña Juana de Carvajal y doña María de Zúñiga.

La fundación ducal no quiere aceptar para su obra la parte correspondiente de la venta de los edificios de las cofradías y de los hospitales extinguidos y se la adjudican a la fundación de doña Juana de Carvajal.

La fundación de doña Juana, además, admite la ropa, las camas y bienes que tienen los hospitales; por este motivo, dicha fundación se crea la obligación de suplir todas las camas necesarias, su ropa, camisas de los enfermos, loza, trastos precisos, reparaciones del hospital y de la iglesia, los ornamentos de la iglesia y de la sacristía, vino, luz... La fundación de los duques queda libre de estas cargas, no obstante, en varias ocasiones hace donaciones para los arreglos de la iglesia, del hospital y del corral que hay detrás del cercado de pared.

Entre las cláusulas fundacionales del nuevo hospital, se encuentran las de llevar sepulturas que están en la iglesia de San Gil a la de San Salvador, para que en el cementerio de San Gil quede lugar donde poder enterrar los pobres difuntos del hospital y la de hacer una sala separada del hospital para poder juntarse los cofrades de San Miguel, San Antón, Santa María y San Andrés y poder tratar y conferir lo que los convenga.

Otra de las cláusulas es la referente a la colocación, a perpetuidad, de los escudos de las fundadoras: “Que se ponga el Escudo de Armas de la Sra. Duquesa a la mano dcha. y a la izquierda el de la Carvajal”, so pena de excomunión mayor apostólica y de quinientos ducados para las obras pías que se consideren.

Don Martín de Córdova y Mendoza decide hacer averiguaciones de las rentas de los hospitales extinguidos y de las fundaciones de doña María de Zúñiga y Guzmán y de doña Juana de Carvajal. De los hospitales son 8.931 maravedíes, 2 fanegas y media de trigo, media gallina y medio pollo (7), de la señora duquesa 543.379 ½ maravedíes y de doña Juana de Carvajal 1.100 maravedíes.

Desde la extinción de los hospitales hasta el año 1586, la cofradía de Santa María mantiene pleitos con el hospital de San Gil por la asignación que esta tenía. En la escritura de concordancia, la asignación consistente en cinco fanegas y media de trigo, una gallina y medio pollo, queda dividida a perpetuidad: la mitad de los granos y medio pollo para el hospital de San Gil y la otra mitad y la gallina a la cofradía.

En este nuevo hospital que se crea en la iglesia de San Gil, se asiste a todos los enfermos de la Villa y a los que enfermen transitando por Ella.

De los hospitales que había antes de la unificación, sólo queda sin clausurar el llamado de Mansilla (8), que realiza funciones de residencia para los pobres peregrinos y caminantes que no se encuentren enfermos.

Son muchas las donaciones que recibe el Hospital de San Gil para su sostenimiento. En una cláusula de un testamento relacionada con una de ellas, otorgado por el licenciado Pedro Fernández Castañares, cura que fue de la parroquia de Santa María en 1623, manda que se pague al administrador del Hospital, mil maravedíes de renta, a razón de ciento cuarenta maravedíes del principal cada año, para ayuda a las pasas (9) y almuerzos de los pobres enfermos que se curen en él.

El Hospital, en 1719, recibe una importante donación de don Juan Morales a condición que fuesen patrones e interventores: el corregidor, el regidor decano del Ayuntamiento y el señor cura de la parroquia de San Juan. Este hecho es el origen de la participación del Municipio en el gobierno de este hospital.

Por el año 1720, el duque don Juan Manuel II ordena realizar una pared que sirva de división entre la capilla y el hospital allí habilitado, pues resulta indecente tener a los enfermos en el cuerpo de la iglesia y celebrarse la misa con las camas descubiertas y los vasos inmundos a la vista.

Manda, a su vez, a don Ventura Lirios, pintor de cámara de los duques, hacer un dibujo del altar, retablo, urna y sepulcro del Santísimo Cristo (10).

La separación de la iglesia del hospital, el dibujo de don Ventura Lirios, hacer el retablo, el sepulcro, poner las imágenes de Jesús Nazareno y de Ntra. Sra. de la Soledad, poner el púlpito, cocina baja, puertas, ventanas, embaldosar la iglesia y el hospital, pintar y dorar, poner vidrieras, blanquear y otros reparos, parece que importó 60 ó 78 reales y 33 maravedíes.

La Hermandad del Divino Pastor, que se había establecido en la Villa en 1730, se encarga del Hospital hasta que se produce su extinción en 1750. Para sustituirla se nombran hospitaleros como había anteriormente. A estos, se les paga a razón de un real diario al mes por la Memoria del duque, doce ducados anuales, cincuenta reales para leña, cincuenta para aceite y cincuenta por los recados. El duque, en concepto de limosna, da anualmente ocho cántaros de aceite para mantener dos lámparas encendidas por la noche en sendas habitaciones de enfermos de uno y otro sexo.

“La ración diaria de cada enfermo es media libra de carnero, una de pan, dos cuartos de maravedí para un par de huevos y otros dos para especies, garbanzos y tocino y, si alguno necesita gallina se le da; además de esponjados, bizcochos, vino, chocolate y leche y para remedios: azúcar, aguardiente, más huevos, panetelas, horchata y limonada”. (AHN. Nobleza. Osuna. Legajo 269, número 27).

Es de reseñar la cesión realizada por la Cofradía de Ánimas, en 1841, de una gran cantidad de fincas y censos en Béjar y en casi todos los pueblos de la comarca. De su administración se encarga el Ayuntamiento.

Ante el peligro que representa un hospital en el centro de la Villa, que acoge a personas con enfermedades contagiosas y con condiciones higiénicas deplorables y ante la posibilidad de provocar una epidemia con los hediondos vertederos de inmundicias al pie de sus muros, se piensa en otro a las afueras de la población.

En el año 1865 se empieza a trasladar el Hospital a otro que hay en el convento de San Francisco y dos años más tarde, desplazan a los cerca de doscientos enfermos que había en el de San Gil.

El Hospital se le conocerá por Hospital Civil (11).

El Gobierno se apodera de los bienes del Hospital y los vende, obligándose a pagar el interés que produzca el capital obtenido con dicha venta. Estos ingresos tardan en llegar y el Hospital no puede mantenerse.

En 1872, ante esta situación extrema, don Leandro Muñoz de la Peña, administrador del Hospital, reclama ayuda al vecindario. Se recogen seiscientas suscripciones que aportan más de mil trescientos reales mensuales. Por esta masiva aportación se funda la Asociación de Socorros del Santo Hospital que estará en activo hasta el año 1889. Estos ingresos extraordinarios superan, en mucho, los recibidos por las Fundaciones y legados.

En los primeros años del 1900, en el convento de San Francisco se instala la Escuela de Artes y Oficios y, como consecuencia, el Hospital se traslada al Palacio Ducal, donde permanece hasta el 1944, año en el que pasa al barrio de La Antigua, donde se extinguirá.

En el convento existirá un dispensario hasta los primeros años de 1980.

El Hospital es una institución benéfica creada para el pueblo y mantenido por él. A lo largo de sus cuatro siglos de existencia son muchas las personas y entidades de la Villa y de su comarca las que le mantienen. Las ayudas se reciben por todo tipo de medios, entre ellos, los donativos que los obreros depositan en los cepillos distribuidos por las diferentes fábricas o los beneficios de las fiestas taurinas que se celebran para tal fin.

Con épocas más o menos saneadas económicamente y sin recibir subvenciones, el Hospital fue muy importante para la sanidad de Béjar y de su comarca.


(1) - También conocido por Egidio, su nombre nativo.

(2) - El Códice se conserva en la catedral de Santiago de Compostela. Aymeic Picaud hace una descripción minuciosa de las diversas etapas en las que se dividía la ruta jacobea. Tiene una visión muy particular y totalmente desfavorable de los pueblos ibéricos que atraviesa. Ha sido robado recientemente.

(3) - En la basílica de San Fermín de Toulouse, me han afirmado que en la actualidad guardan una reliquia del Santo.
(4) - En la torre, don Francisco II mandó colocar la campana, símbolo de su Villa y Tierra.
(5) - Documentada en el AHN. Nobleza. Osuna. Legajo 269, números 27 y 28.

(6) - Hay autores que sostienen que son ocho los hospitales y sus correspondientes cofradías que se extinguen cuando se crea el hospital de San Gil. En los documentos consultados pertenecientes a los fondos de los duques de Osuna se refieren solo a cuatro hospitales.

(7) - El término “medio pollo” aparece en anteriores documentos de los duques de Béjar, relacionados con el concejo de la Puebla y San Medel.
(8) - No se sabe como se llama el hospital. Se le conoce por el nombre de la calle en el que se ubica
(9) - No sé si el nombre de “pasas” se refiere a alguna sustancia hecha con pasas o a una ayuda para subsistir a la salida del hospital.

(10) - El dibujo no se encontraba entre los documentos que los señores duques de Béjar guardaban de la antigua iglesia de San Gil, en su casa de la calle del Barquillo de Madrid, actualmente no se conserva en los fondos de los duques de Osuna de la Sección Nobleza del Archivo Histórico Nacional.
(11) - En el convento de San Francisco había existido un Hospital Militar que durante la Guerra de la Independencia atendió a numerosos heridos.
BÉJAR EN MADRID. Publicado en el Especial de Navidad de 2005. Nuestro San Gil. Sante Egide ora pro populo e pro vila ista. JAM-BÉJAR.

1 dic 2011

Duques de Béjar en Madrid (4/4)



- PALACIO VIEJO DE CHAMARTÍN


 




 








Colegio de Nuestra Señora del Recuerdo.


En 1678 los duques del Infantado adquieren en Chamartín de las Rosas – agnomento que se remonta a 1620 - una casa-palacio (Palacio Viejo) con bosque, huerta, jardín, pozo de nieve, bodega, tahona y una casa mesón, por un importe de cuarenta mil ducados, llegando la propiedad a ser una cuarta parte del municipio.

En el año 1746 amplían el latifundio y construyen el Palacio Nuevo31 que comunican con el Viejo mediante una calle, la actual de Nuestra Señora del Recuerdo.

En 1790 pertenece a don Pedro de Alcántara, decimotercero Duque del Infantado, quien se preocupa de la villa de Chamartín con la creación de varias fábricas.

En 1808, el general Napoleón Bonaparte destierra a don Pedro de Alcántara y lo declara enemigo de Francia y de España, traidor a ambas coronas e incauta su propiedad por derecho de conquista. Napoleón ocupa el Palacio Viejo a finales del mismo año. En este palacio el general firma varios decretos, entre ellos, la abolición de la Inquisición, instaurada por los Reyes Católicos en 1478.

Don Pedro de Alcántara fallece en 1841 y hereda los bienes vinculados al ducado, su sobrino nieto, don Pedro de Alcántara Téllez-Girón y Beaufort, undécimo Duque de Osuna y decimocuarto Duque de Béjar.

Don Manuel de Toledo y Lesparre, hijo de don Pedro de Alcántara, hereda de su padre los bienes libres y al corresponderle por ley la mitad de los bienes referentes a los títulos heredados, opta por varios de ellos, entre los cuales se encuentra el Palacio Viejo y sus jardines, la repartición se realiza en 1857. En 1878, el Palacio Viejo pasa a pertenecer a la Compañía de Jesús que, al disolverse en 1932, se destina para instituto de segunda enseñanza. Durante la Guerra Civil se emplea para cuartel republicano. Al regreso de la Compañía de Jesús se utiliza para casa de formación de jesuitas. En la actualidad es el colegio de Nuestra Señora del Recuerdo.


- PALACIO DE LA CALLE DE DON PEDRO

El palacio se encuentra entre las calles de don Pedro, de Yeseros de la Redondilla y el Campillo de las Vistillas.
Con la suntuosidad con la que está decorado el palacio y la magnificencia que en él se ostenta, puede competir con el boato con el que se vive en la Corte.
Don Juan Antonio Cuervo, discípulo de Ventura Rodríguez, lo reforma para residencia particular y de los administradores del ducado y para albergar la biblioteca y la armería.
Algunas de las manzanas contiguas están anexionadas al palacio y se destinan a oficinas, habitaciones de los empleados y una de ellas a hospital para los criados subalternos.
Con el motivo del nuevo trazado de la calle de Bailén, a finales del XIX, se expropia gran parte de la propiedad, sólo se conserva un edificio donde se instala un laboratorio municipal.



- PALACIO DEL CAMPILLO DE LAS VISTILLAS

El palacio está construido fuera de la zona amurallada de la Villa, en Las Vistillas, las “vistas” son excelentes al estar el terreno en un promontorio que hace cornisa sobre el río Manzanares.

El palacio data de finales del XVI. El Duque de Pastrana lo compra en 1616 e irá incorporando diversas casas y tierras hasta convertirlo en un magnífico conjunto como se aprecia en el plano de Texeira. En 1686 lo adquiere don Pedro de Alcántara de Toledo, duodécimo Duque del Infantado, siendo su segunda mujer, doña María Ana de Salm Salm, quien lo reforma al estilo parisino32.

Alquilan el palacio al embajador del Rey de Francia y al Conde de Montijo, quien hace grandes reformas, entre ellas, realiza la entrada principal por la actual plaza de las Vistillas. Las diferentes reformas llegan hasta el año 1794, en el que se adecua el entorno del palacio. El palacio llega a ser uno de los más suntuosos de Madrid, sobresaliendo la importante pinacoteca y el jardín que se realiza con detalles tomados de El Capricho.

Al fallecer doña María Ana sin descendencia, hereda el palacio el sobrino de don Pedro de Alcántara de Toledo, don Pedro de Alcántara Téllez-Girón, decimocuarto duque del Infantado y de éste, su hermano don Francisco de Borja Téllez-Girón, su hijo don Pedro de Alcántara, decimocuarto Duque de Béjar y su hermano don Mariano Téllez-Girón y Beaufort, decimoquinto Duque de Béjar. Don Mariano nace en este palacio.

En 1889 el palacio pasa a pertenecer a la diócesis de Madrid-Alcalá para la construcción de un seminario. En 1901 dan comienzo las obras y pasan cinco años para que se inaugure el Seminario Conciliar de la Inmaculada y San Dámaso. La obra de estilo neo mudéjar está realizada por don Miguel de Olabarría.

- SOLARES DE LAS VISTILLAS Y DE LA CUESTA DE LOS CIEGOS














Cuesta de los Ciegos

Estos solares son contiguos y están situados junto al palacio del Campillo de Las Vistillas. El solar de Las Vistillas es un altozano que en el plano de Pedro Texeira se le denomina “Vistas de San Francisco” y la Cuesta de los Ciegos es donde se encontraban las casas de los criados del palacio del Campillo de las Vistillas. En la actualidad una sinuosa escalera salva el desnivel existente entre Las Vistillas y la calle de Toledo.

Las Vistillas es una de las zonas más castizas y tradicionales de Madrid, en ella se celebran las fiestas que conmemoran a San Isidro y la verbena de la Virgen de la Paloma.

Después de recordar la vida de algunos de los Duques de Béjar, más concretamente desde don Alonso II hasta don Mariano, casi se pueden ver sus palacios, casas y jardines, pero... ¡de ellos es tan poco lo que nos ha llegado! Resulta increíble que se justifique, algunas veces con disculpas absurdas, que poco a poco nos vayamos quedando sin nuestro patrimonio, testigos de la historia que nunca se podrán reemplazar.

BÉJAR EN MADRID. Publicado en el Especial de Navidad de 2008. Los Duques de Béjar en Madrid. JAM-BÉJAR.