2 dic. 2011

Nuestro San Gil (1/3)















VIDA Y MILAGROS DE SAN GIL

Gil (1) nace en Atenas. Al quedar huérfano, entrega todos sus bienes a los pobres y para hacer penitencia, se traslada primeramente a una isla cerca de Atenas, desde donde parte hacia Francia buscando una vida de mayor recogimiento.

Se establece en las proximidades de la población de Arlés, muy cerca de la desembocadura del río Ródano. Se hace discípulo del santo prelado Cesáreo, obispo de Arlés y Nimes.

Gil hace vida de eremita en una cueva. Se alimenta de hierbas, de plantas silvestres y de la leche de una cierva que cuida.

Según la leyenda, estando en una cacería Childeberto - rey de los francos - divisan una magnífica cierva que persiguen cabalgando hasta la cueva donde Gil vive. Delante de esta, uno de los acompañantes lanza una flecha a la cierva que hiere al eremita. Después de curarle la herida, entre el rey y Gil nace una gran amistad.

El rey le propone que sea su consejero espiritual en palacio y ante la negativa de Gil y en agradecimiento por su amistad, le hace construir un monasterio en el mismo lugar donde se encuentra la cueva. Una vez construido, Gil es nombrado abad.

Con el paso del tiempo, en las proximidades del monasterio, surge la población de Saint-Gilles.

Gil fallece por el año 700.

En su iconografía aparece con el hábito benedictino, portando un libro que representa sus meditaciones y acompañado de una cierva. A menudo, clavada en su pecho, lleva la flecha que hiere a la cierva.

Su onomástica se celebra el día uno de septiembre.

A comienzos del siglo XII, Guido de Borgoña, que más tarde llegará al papado con el nombre de Calixto II, realiza una peregrinación a Santiago de Compostela. Le acompaña Aymeric Picaud, monje benedictino del monasterio de Cluny, que describe el viaje en un códice conocido por Codex Calixtinus o Liber Sancti Jacobi (2).

El cronista describe la ruta que deben seguir los peregrinos que se dirigen a la tumba del apóstol Santiago. A su paso por Arlés hace una glosa de la piadosísima vida de San Gil.

El monje, en el códice, relata algunos de los milagros de San Gil: Un enfermo se vistió su túnica y sanó; por su misma indefectible virtud se curó uno mordido por una serpiente; otro, poseído por el demonio, se libró; se calma la tempestad del mar; la hija de Teócrito encontró la salud largo tiempo deseada; un enfermo de todo el cuerpo, falto en absoluto de su salud, logró la apetecida curación; una cierva, antes indómita, domesticada por su mandato, se amansó; su orden monástica aumenta bajo su patronazgo abacial; un energúmeno fue librado del demonio; el pecado de Carlomagno, que le había sido revelado por un ángel, le fue perdonado al rey; un difunto fue devuelto a la vida; un paralítico tornó a su primitiva salud.

También narra otro de los milagros realizado por el Santo: Las dos puertas, regalo del Papa para el monasterio que le construye el rey, hace que lleguen por las aguas del mar, desde Roma al puerto de Ródano, sin que nadie las guíe, sólo con su poderoso mandato. Las puertas son de madera de ciprés y talladas con imágenes de los apóstoles.

Aymeric Picaud compendia la vida del Santo aseverando que después de los profetas y los apóstoles, ninguno entre los demás santos es más digno, más santo, más glorioso y ni más rápido en auxiliar a los que le invocan.

En el siglo XIII, trasladan el cuerpo de San Gil desde Saint-Gilles a Toulouse (3).

San Gil es abogado de pecadores. Los pastores, mendigos, tullidos y herreros lo tienen por patrono. Se le invoca contra el cáncer, lepra, peste y epilepsia, conocida ésta como el Mal de San Gil. Las madres solicitan su ayuda ante el miedo y las pesadillas de sus hijos.

La fama del santo hace que sea rápidamente conocido y se levanten templos bajo su advocación en muchos lugares de la cristiandad.



NAVE DE LA IGLESIA DE SAN GIL QUE SIRVIÓ DE HOSPITAL

Después de conocer algunas de las virtudes de San Gil, pasemos a la iglesia que bajo su advocación había en nuestra Ciudad:

La iglesia de San Gil estaba constituida por una nave, un ábside y una torre (4). Su construcción se puede remontar al siglo XIII. Anexos a ella existía un cementerio y un corral.

El interesante relato que nos ocupa en este capítulo, nos conducirá desde la creación de una fundación para la construcción de un hospital (5) hasta la salida de los enfermos del hospital habilitado en la nave de la iglesia de San Gil.

Esta parte de la historia de nuestra Villa se inicia en el año 1520, cuando doña Juana de Carvajal ordena que se realice una fundación para hacer un nuevo hospital.

Doña Juana, también manda fundar dos capellanías en la iglesia parroquial de San Gil (donde yacen sus padres y su hijo Pedro). Dona, para los dos capellanes, las rentas que produjesen la heredad que compró en Valdesangil; las de la Rasilla y de la Conteseja, en Becedas, que linda una con otra y las de unas casas que fueron de Rodrigo Quijada, cerca de San Gil. En los estatutos constitucionales considera beneficiar al más antiguo de ellos con las rentas de una huerta junto a Nuestra Señora de las Huertas y las de una viña que llamaban de Sancha Gil.

Trece años más tarde, en 1533, doña María de Zúñiga y Guzmán - viuda del duque de Béjar, don Álvaro II - también crea una fundación para construir un hospital y, para tal fin, dispone que se entreguen cien mil maravedíes anuales.

Tendrán que pasar varios años para que ambas fundaciones se utilicen con la finalidad para la que fueron creadas. Antes de que esto ocurra, en la Villa se realiza una reducción parroquial que influirá en la ubicación del nuevo hospital.

La Villa, en el año 1568, cuenta con ochocientos cincuenta vecinos, es decir, más de tres mil habitantes que se reparten entre las diez parroquias que tiene. Algunas de ellas con muy pocos parroquianos, mal atendidas y fuera del recinto amurallado; además, son pobres y desprovistas de ornamentos y servicios necesarios para el culto.

Ante tal situación, el señor obispo de Plasencia, don Pedro Ponce de León, manda reducir a tres el número de parroquias. Las parroquias de Santiago, San Pedro y San Andrés se anexionan a Santa María, la de San Gil a San Salvador y San Nicolás, Santo Domingo y San Miguel a San Juan.

Acaso, la parroquia de San Pedro es la que más impedimentos pone cuando se produce la reducción parroquial. La iglesia estaba junto a la muralla, en la zona situada al mediodía. Sus parroquianos, en su mayor parte, son labradores que habitan en las huertas y cortinales colindantes. Argumentan que su parroquia no es pobre y que pueden ir a su iglesia con la ropa del campo; cosa que no pueden hacer si tienen que ir a la lejana Santa María, sobre todo en tiempo de lluvias, que están las callejuelas intransitables.

El señor obispo de Plasencia, en el año 1568, también inicia los trámites para la creación de un solo hospital donde puedan ser bien cuidados los enfermos, pues estos reciben una mala asistencia en los hospitales que hay en la Villa.

Para tal propósito propone la nave de la iglesia de San Gil, reservando el ábside para las celebraciones religiosas. Pues dicha iglesia había dejado de ser parroquia y, como consecuencia, el número de fieles se había reducido considerablemente.

En el año 1575, después de siete años desde que se realizaron los primeros trámites, el obispo ordena la creación del nuevo hospital. Para llegar a esta decisión, ha tenido que intervenir la Casa Ducal, que expuso a su majestad el rey don Felipe II la necesidad de un nuevo hospital en la Villa, el cual, planteó dicha carencia al pontífice Gregorio XIII y, este a su vez, trasmitió la orden para su realización al señor obispo de Plasencia.

El señor obispo, don Martín de Córdova y Mendoza, sucesor de don Pedro Ponce de León, en junio del mismo año, ordena extinguir los cuatro hospitales (6) que son mantenidos por las correspondientes cofradías de San Miguel, San Antón, Santa María y San Andrés. Manda vender los edificios de las cofradías y los hospitales que de éstas dependen.

También propuso que las cofradías que tuvieran beneficios se dividieran éstos en dos partes, una para las cargas y gastos de las cofradías extinguidas y otra para las fundaciones realizadas por doña Juana de Carvajal y doña María de Zúñiga.

La fundación ducal no quiere aceptar para su obra la parte correspondiente de la venta de los edificios de las cofradías y de los hospitales extinguidos y se la adjudican a la fundación de doña Juana de Carvajal.

La fundación de doña Juana, además, admite la ropa, las camas y bienes que tienen los hospitales; por este motivo, dicha fundación se crea la obligación de suplir todas las camas necesarias, su ropa, camisas de los enfermos, loza, trastos precisos, reparaciones del hospital y de la iglesia, los ornamentos de la iglesia y de la sacristía, vino, luz... La fundación de los duques queda libre de estas cargas, no obstante, en varias ocasiones hace donaciones para los arreglos de la iglesia, del hospital y del corral que hay detrás del cercado de pared.

Entre las cláusulas fundacionales del nuevo hospital, se encuentran las de llevar sepulturas que están en la iglesia de San Gil a la de San Salvador, para que en el cementerio de San Gil quede lugar donde poder enterrar los pobres difuntos del hospital y la de hacer una sala separada del hospital para poder juntarse los cofrades de San Miguel, San Antón, Santa María y San Andrés y poder tratar y conferir lo que los convenga.

Otra de las cláusulas es la referente a la colocación, a perpetuidad, de los escudos de las fundadoras: “Que se ponga el Escudo de Armas de la Sra. Duquesa a la mano dcha. y a la izquierda el de la Carvajal”, so pena de excomunión mayor apostólica y de quinientos ducados para las obras pías que se consideren.

Don Martín de Córdova y Mendoza decide hacer averiguaciones de las rentas de los hospitales extinguidos y de las fundaciones de doña María de Zúñiga y Guzmán y de doña Juana de Carvajal. De los hospitales son 8.931 maravedíes, 2 fanegas y media de trigo, media gallina y medio pollo (7), de la señora duquesa 543.379 ½ maravedíes y de doña Juana de Carvajal 1.100 maravedíes.

Desde la extinción de los hospitales hasta el año 1586, la cofradía de Santa María mantiene pleitos con el hospital de San Gil por la asignación que esta tenía. En la escritura de concordancia, la asignación consistente en cinco fanegas y media de trigo, una gallina y medio pollo, queda dividida a perpetuidad: la mitad de los granos y medio pollo para el hospital de San Gil y la otra mitad y la gallina a la cofradía.

En este nuevo hospital que se crea en la iglesia de San Gil, se asiste a todos los enfermos de la Villa y a los que enfermen transitando por Ella.

De los hospitales que había antes de la unificación, sólo queda sin clausurar el llamado de Mansilla (8), que realiza funciones de residencia para los pobres peregrinos y caminantes que no se encuentren enfermos.

Son muchas las donaciones que recibe el Hospital de San Gil para su sostenimiento. En una cláusula de un testamento relacionada con una de ellas, otorgado por el licenciado Pedro Fernández Castañares, cura que fue de la parroquia de Santa María en 1623, manda que se pague al administrador del Hospital, mil maravedíes de renta, a razón de ciento cuarenta maravedíes del principal cada año, para ayuda a las pasas (9) y almuerzos de los pobres enfermos que se curen en él.

El Hospital, en 1719, recibe una importante donación de don Juan Morales a condición que fuesen patrones e interventores: el corregidor, el regidor decano del Ayuntamiento y el señor cura de la parroquia de San Juan. Este hecho es el origen de la participación del Municipio en el gobierno de este hospital.

Por el año 1720, el duque don Juan Manuel II ordena realizar una pared que sirva de división entre la capilla y el hospital allí habilitado, pues resulta indecente tener a los enfermos en el cuerpo de la iglesia y celebrarse la misa con las camas descubiertas y los vasos inmundos a la vista.

Manda, a su vez, a don Ventura Lirios, pintor de cámara de los duques, hacer un dibujo del altar, retablo, urna y sepulcro del Santísimo Cristo (10).

La separación de la iglesia del hospital, el dibujo de don Ventura Lirios, hacer el retablo, el sepulcro, poner las imágenes de Jesús Nazareno y de Ntra. Sra. de la Soledad, poner el púlpito, cocina baja, puertas, ventanas, embaldosar la iglesia y el hospital, pintar y dorar, poner vidrieras, blanquear y otros reparos, parece que importó 60 ó 78 reales y 33 maravedíes.

La Hermandad del Divino Pastor, que se había establecido en la Villa en 1730, se encarga del Hospital hasta que se produce su extinción en 1750. Para sustituirla se nombran hospitaleros como había anteriormente. A estos, se les paga a razón de un real diario al mes por la Memoria del duque, doce ducados anuales, cincuenta reales para leña, cincuenta para aceite y cincuenta por los recados. El duque, en concepto de limosna, da anualmente ocho cántaros de aceite para mantener dos lámparas encendidas por la noche en sendas habitaciones de enfermos de uno y otro sexo.

“La ración diaria de cada enfermo es media libra de carnero, una de pan, dos cuartos de maravedí para un par de huevos y otros dos para especies, garbanzos y tocino y, si alguno necesita gallina se le da; además de esponjados, bizcochos, vino, chocolate y leche y para remedios: azúcar, aguardiente, más huevos, panetelas, horchata y limonada”. (AHN. Nobleza. Osuna. Legajo 269, número 27).

Es de reseñar la cesión realizada por la Cofradía de Ánimas, en 1841, de una gran cantidad de fincas y censos en Béjar y en casi todos los pueblos de la comarca. De su administración se encarga el Ayuntamiento.

Ante el peligro que representa un hospital en el centro de la Villa, que acoge a personas con enfermedades contagiosas y con condiciones higiénicas deplorables y ante la posibilidad de provocar una epidemia con los hediondos vertederos de inmundicias al pie de sus muros, se piensa en otro a las afueras de la población.

En el año 1865 se empieza a trasladar el Hospital a otro que hay en el convento de San Francisco y dos años más tarde, desplazan a los cerca de doscientos enfermos que había en el de San Gil.

El Hospital se le conocerá por Hospital Civil (11).

El Gobierno se apodera de los bienes del Hospital y los vende, obligándose a pagar el interés que produzca el capital obtenido con dicha venta. Estos ingresos tardan en llegar y el Hospital no puede mantenerse.

En 1872, ante esta situación extrema, don Leandro Muñoz de la Peña, administrador del Hospital, reclama ayuda al vecindario. Se recogen seiscientas suscripciones que aportan más de mil trescientos reales mensuales. Por esta masiva aportación se funda la Asociación de Socorros del Santo Hospital que estará en activo hasta el año 1889. Estos ingresos extraordinarios superan, en mucho, los recibidos por las Fundaciones y legados.

En los primeros años del 1900, en el convento de San Francisco se instala la Escuela de Artes y Oficios y, como consecuencia, el Hospital se traslada al Palacio Ducal, donde permanece hasta el 1944, año en el que pasa al barrio de La Antigua, donde se extinguirá.

En el convento existirá un dispensario hasta los primeros años de 1980.

El Hospital es una institución benéfica creada para el pueblo y mantenido por él. A lo largo de sus cuatro siglos de existencia son muchas las personas y entidades de la Villa y de su comarca las que le mantienen. Las ayudas se reciben por todo tipo de medios, entre ellos, los donativos que los obreros depositan en los cepillos distribuidos por las diferentes fábricas o los beneficios de las fiestas taurinas que se celebran para tal fin.

Con épocas más o menos saneadas económicamente y sin recibir subvenciones, el Hospital fue muy importante para la sanidad de Béjar y de su comarca.


(1) - También conocido por Egidio, su nombre nativo.

(2) - El Códice se conserva en la catedral de Santiago de Compostela. Aymeic Picaud hace una descripción minuciosa de las diversas etapas en las que se dividía la ruta jacobea. Tiene una visión muy particular y totalmente desfavorable de los pueblos ibéricos que atraviesa. Ha sido robado recientemente.

(3) - En la basílica de San Fermín de Toulouse, me han afirmado que en la actualidad guardan una reliquia del Santo.
(4) - En la torre, don Francisco II mandó colocar la campana, símbolo de su Villa y Tierra.
(5) - Documentada en el AHN. Nobleza. Osuna. Legajo 269, números 27 y 28.

(6) - Hay autores que sostienen que son ocho los hospitales y sus correspondientes cofradías que se extinguen cuando se crea el hospital de San Gil. En los documentos consultados pertenecientes a los fondos de los duques de Osuna se refieren solo a cuatro hospitales.

(7) - El término “medio pollo” aparece en anteriores documentos de los duques de Béjar, relacionados con el concejo de la Puebla y San Medel.
(8) - No se sabe como se llama el hospital. Se le conoce por el nombre de la calle en el que se ubica
(9) - No sé si el nombre de “pasas” se refiere a alguna sustancia hecha con pasas o a una ayuda para subsistir a la salida del hospital.

(10) - El dibujo no se encontraba entre los documentos que los señores duques de Béjar guardaban de la antigua iglesia de San Gil, en su casa de la calle del Barquillo de Madrid, actualmente no se conserva en los fondos de los duques de Osuna de la Sección Nobleza del Archivo Histórico Nacional.
(11) - En el convento de San Francisco había existido un Hospital Militar que durante la Guerra de la Independencia atendió a numerosos heridos.
BÉJAR EN MADRID. Publicado en el Especial de Navidad de 2005. Nuestro San Gil. Sante Egide ora pro populo e pro vila ista. JAM-BÉJAR.

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