8 dic. 2011

Judíos



En esos días que se necesita romper con la vida cotidiana, visité la ciudad de Toledo. Encaminé mis pasos hacia la sinagoga del Tránsito - donde se ubica el Museo Sefardí - para poder ver ese trocito de Béjar que en él guardan. En el patio exterior de la Sala II, encontré la lápida funeraria (1) de nuestra probable paisana: Doña Fadueña. Me molestó ver que el epitafio está expuesto a la intemperie y ante tal alarde de realismo, me pregunté: ¿Nosotros tenemos en las mismas condiciones las cinco obras de nuestro paisano Mateo Hernández, que la Dirección General de Bellas Artes nos dejaron a cambio de dicha lápida? ¡Cuidemos la copia de la lápida que tenemos en Béjar, porque será la que puedan ver las generaciones venideras!

La lápida me recuerda el dicho de la Tierra: “En Hervás, judíos (conversos) los más/ En Aldeanueva, la judería entera/ En Baños, judíos y tacaños/ En Béjar, hasta las tejas”.

Se tiene conocimiento que la estancia de hebreos en la villa de Hervás data del s. XIII. Su judería, junto con la aljama de Béjar, es la colectividad judía más importante de Castilla, (Hervás pertenecía al ducado de Béjar). Tal aseveración la ratifica R. Jacob Aben Nuñez, que precisa el impuesto que pagan varias comunidades hebreas, incluida la de Béjar, al rey de León y Castilla.

En Hervás, en el año 1492, época de la expulsión de los judíos, éstos forman un colectivo compuesto por más de cuarenta familias. En dicho año, se funda la cofradía cristiana de San Gervasio, en la que se incorpora parte del patrimonio que tuvieron que dejar los judíos y donde, posteriormente, se integran los conversos.

Hervás, depende del ducado de Béjar hasta el año 1816, a pesar de que las Cortes de Cádiz, en 1812, hubieran abolido los derechos nobiliarios. De la época feudal, se sabe que en 1722, el duque Juan Manuel II, aporta la suma de 30.000 reales para la construcción de una enfermería en Hervás, dedicada a tratar a los franciscanos enfermos de los conventos de Béjar, La Abadía y Plasencia. Testimonia su pasado feudal con los escudos de los Duques de Béjar, tallados en el campanario de la iglesia parroquial de Santa María. También de la época, se conservan otras construcciones relevantes.

Actualmente la judería de Hervás está muy bien conservada y explotada turísticamente.

En Béjar, el Fuero (considerado de mediados del s. XIII) es el mejor testimonio para comprobar que nuestra Villa abre sus puertas a: “Qual quier que venir quisiere poblar a Beiar de creençia qual quier que sea, cristianos, o moros, o iudio”. Todo lógicamente bajo un orden, pues también dice: Los varones que vayan al baño común han de ir el martes, jueves y sábado, las mujeres el lunes y el miércoles y los judíos el viernes y el domingo.

La aljama de Béjar está dispersa por diferentes zonas. Está documentado que los judíos residen en la actual calle 29 de Agosto y sus aledaños, en los barrios de San Gil, de San Juan,  Barrioneila...

El barrio judío difiere de la aljama, en que los habitantes de ésta, tienen sus propias leyes (en el caso de Béjar, están recogidas en el Fuero), por las que pueden jurar ante la Torá (formada por el Pentateuco y los demás libros sagrados del Antiguo Testamento), disponer de su propio juez, etc.; además, cuenta con todos los servicios comunitarios específicos: Sinagoga, escuela, baño público, carnicería (donde  venden carne de animales que han sido sacrificados de una forma prescrita, sin sangre y sin sebo), cementerio, etc.

La aljama tenía sus calles empedradas, estrechas y tortuosas. Algunas de las casas están edificadas sobre las rocas, en otras, parte de su construcción esta incrustada en la casa contigua. La planta baja se puede utilizar para zaguán, bodega o cuadra; la superior para dependencias propias de la familia y el desván para granero y en ocasiones está la cocina. Las paredes son de adobes colocados entre maderos verticales y oblicuos, que las dan mayor consistencia. Dada la naturaleza con la que están hechas las paredes, se cubren con tejas los hastiales que recibe el hostigo.

A la sinagoga bejarana se la sitúa en la calle 29 de Agosto, entre dos casas que se destacan por tres líneas de canes que tiene la fachada. Su portada se conservaba hasta hace poco tiempo. (ubicación que ha resultado discutible)

En el año 1877, construyendo unas escuelas públicas junto al Palacio Ducal, (que serán conocidas por las Casas de las Beatas), se localiza la referida lápida. Perteneció a la necrópolis hebrea, que fue profanada y saqueada en el año 1391, probablemente la aljama también sufrió destrozos. Estos actos hostiles son la consecuencia de un comportamiento generalizado en contra de los judíos, a los que les hacían responsables de las desgracias de la época. Dicen los expertos, que en la lápida está inscrito: “Doña Fadueña. Reposa en Gloria. Gloriosa princesa en lo interior”. Una copia de ésta lápida, junto a otra romana de Valentino y varias piedras talladas, se encuentran desidiosamente en el patio del Centro Cultural de San Francisco.

Teniendo en cuenta la lápida de doña Fadueña, como testimonio hebreo más primitivo que tenemos, los historiadores datan la presencia de los judíos en Béjar, entre el final del siglo XII y principio del XIII.

El documento más antiguo relacionado con los hebreos de Béjar (sin considerar la lápida), se remonta al año 1310 (ó 1312) e informa de R. Yom Tov ben Abraham Asbilí, señalándole de denunciador (chivato).

En Béjar, en el año 1390, nace el judío R. Hayyin Ibn Mussa. Importante médico, traductor y gran hebraísta.

El 31 de marzo de 1492, los Reyes Católicos firman en Granada la expulsión de todos los judíos de España (probablemente es una manera de forzarlos para que abracen el cristianismo). Deben de partir antes de finalizar el mes de julio de ese mismo año. La pena de muerte y la confiscación de sus bienes, serían las consecuencias del incumplimiento del decreto real. (El único original del edicto de expulsión, se conserva en el Archivo Histórico  Provincial de Ávila).

La mayoría de los judíos se marcharon y otros, para poder permanecer en España, se cristianizaron (serán los judíos conversos). Aquí dejaron sus casas, sus negocios, sus amistades, sus costumbres, sus muertos,... Muchos de los judíos bejaranos se fueron por Portugal, aprovechando la proximidad de su frontera y la permisividad hacia ellos.

Como es muy poco el tiempo que tienen para irse, se desprenden rápidamente de sus propiedades, recibiendo un importe inferior a su valor. Así lo hace, el 4 de junio de 1492, el judío don Ysaque Agi. Vende a Diego García, cura de la iglesia de San Juan, unas casas colindantes en la calle Mayor, cerca de la plaza de la Villa, que lindan por la parte trasera con tres pares de casas pertenecientes al médico Rabý Ça y por la delantera con la calle Mayor. Cobró por ellas 10.155 maravedís.

En el mes de febrero de 1494, previa conversión al cristianismo, algunos judíos retornan al ducado de Béjar. Se les prometió que recuperarían sus propiedades, para lo cual, tenían que devolver el dinero a los actuales dueños y pagar las reformas que éstos hubieran realizado en ellas.

El 9 de enero de 1495, los Reyes Católicos hacen acreedor al Duque de Béjar, Don Álvaro de Zúñiga y Guzmán - don Álvaro II – de los bienes abandonados por los judíos en su Villa y Tierra.

Don Álvaro de Zúñiga, el 21 de enero del 1495, se interesa por los bienes que han dejado los judíos y que legalmente le pertenecen. A dos personas de su confianza, les ordena: “...Que algunas personas desta mi villa de Béjar e de otros lugares de su tierra se han entremetido y entremetieron yndeuidamente y con maneras y formas ylíçitas en poseer los bienes que quedaron e fueron de los judíos que fueron desterrados de los reynos e señoríos del rey e de la reyna... y otras personas lleuaron muchos bienes de casas de judíos, algunos furtyblemente y otros de otras maneras bien ynjustas. Y por que mi voluntad e yntençión es de saber de todos los bienes de los judíos e asý mismo de los que se vendieron... ansí en esta villa como en Hervás y en todos los otros mis lugares a donde morauan judíos y tenían tracto, oyades e tomedes plenaria e sumaria ynformaçión de todos los dichos bienes muebles o rayses, que los judíos dexaron o algunos dellos y en cúyos poderes quedaron y por qué y cómo fueron ocupados y de qué manera se hizieron abtas de ventas dellos y dónde y qué escrivanos, y si fueron simuladas o fengidas o sy non se pagaron la cuantía dellas y quiénes fueron los que lleuuaron bienes muebles o fiizieron dapno en las casas que dexaron los judíos o en la casa que fue sinoga dellos, qué se lleuaron e desbarataron muchas cosas dellas después que los judíos se fueron y quánto podrían aver rentado los dichos bienes e cada cosa dellos en frutos y rentas... y os ynforméys de los sastres qué ropas de los judíos ovieron desecho o desatado... de los carpinteros que ovieron desatado mandamientos o sy saben quién lo desató o se aprovechó de madera o teja de las dichas casas de los judíos o de la casa de la sinoga... Y la ynformaçión que oviéredes sea bien clara y por público escriuano, y traelda ante mí, por que yo la mande ver y hazer en todo lo que sea justiçia e derecho...” AHN, NOBLEZA, Osuna, Legajo 218, nº4. En este legajo también se conserva una cédula de los Reyes Católicos y tres de don Fernando, referentes a los bienes confiscados a los judíos en las villas y lugares del Duque de Béjar.

Del contenido de este documento se debía de informar a la Contaduría y a los vecinos de la Villa y Tierra, dándoles un plazo de nueve días para que justificaran las adquisiciones a los judíos y... “proçederemos de todo vigor e derecho contra las personas que fueren contumaçes e rebeldes e espeçial mente contra los que tomaron o levaron, destruyeron, disyparon los bienes que quedaron de los judíos por las penas estableçidas en fuero o en derecho”. Para facilitar la consulta a los vecinos de los diversos lugares del ducado, elaboraron un cuestionario con preguntas relacionadas con las propiedades adquiridas a los judíos.

Algunos conversos ascienden a órganos de poder y hacen sentir excluidos a los que desempeñaban dichos puestos. La buena posición económica de parte de ellos, se acrecienta gracias a las mercedes reales y señoriales.

A finales del s. XV empieza a intervenir la Santa Inquisición y como consecuencia, las familias de judíos conversos de alto nivel social, no permanecen varias generaciones en la misma población.

El 19 de septiembre de 1514, el duque de Béjar pide al rey don Fernando el Católico, la tercera parte de los bienes confiscados a varios vecinos de Béjar por la Inquisición, petición que accedió el monarca. AHN, NOBLEZA, Osuna, Legajo 219, nº 2.

El día15 de enero de 1534, el rey Carlos I, ordena que la totalidad de los bienes confiscados pasen a la hacienda pública. Posteriormente, el 12 de noviembre del mismo año, el duque don Francisco de Zúñiga – Francisco I – pidió al monarca la anulación del anterior decreto, petición que le fue concedida y como consecuencia, el duque siguió recibiendo la tercera parte de las propiedades embargadas.

Los judíos conversos contribuyeron más que nadie a la deformación de su pasado. A finales del s. XVI, muchos de sus documentos habían desaparecido o estaban falsificados. También la práctica de renunciar a los apellidos paternos por otros que no pudieran relacionarle con su origen de converso, dificulta el conocimiento sobre las relaciones de parentescos. Siendo los rumores transmitidos oralmente, la única forma para intuir la posible ascendencia.

La insigne mujer, Teresa de Cepeda y Ahumada, Santa Teresa de Jesús (nacida en 1515), procedía de una familia de judeoconversos. Su abuelo, rico mercader de Toledo, era judío. No se ha demostrado hasta el año 1946. Una copia notarial falsificada de una ejecutoria de hidalguía de los Cepeda, se conserva en el Archivo de los Padres Carmelitas Descalzos de Ávila.

Quizá, don Miguel de Cervantes Saavedra (nacido en 1547), procede del pueblo de Cervantes y no de Alcalá de Henares. Una asociación en Zamora (Los Caminos de Cervantes y Sefarad), intenta demostrarlo.

Aparte de las argumentaciones religiosas que se utilizan en contra de los conversos, sufren la intolerancia  de algunos cristianos viejos, que desemboca en una persecución política con los estatutos de limpieza de sangre.

De la referida intolerancia, nos ha llegado la expresión: “Tirar de la manta”. Se refiere a unos grandes lienzos que hasta finales del s. XVIII existían en varias iglesias de Navarra, en los que estaban escritos los nombres y apellidos de las familias que descendían de judíos conversos. Los cristianos viejos amenazaban a los judíos con desenrollarlas, demostrar su ascendencia conversa y poderlos menospreciar.

Al término del s. XVII, es rara la familia de conversos, en la que alguno de sus miembros, no hayan sufrido un proceso inquisitorial.

La aspiración judía de establecerse de nuevo en tierras de Palestina, no llegaría a su concreción hasta el año 1948, en el que se proclama el Estado de Israel.

Concluyo este escrito deseando algo casi imposible: ¡Que la luz que encienda la Sala Sefardí, del Museo de las Tres Culturas de Béjar, alumbre la paz que necesita el pueblo hebreo!

(1) En contestación escrita realizada por el Museo Sefardí de Toledo ante la preocupación del estado en el que se encuentra la lápida, me indican, sobre la conservación de las lápidas, motivo por el que se pone en contacto con nosotros, hemos de indicarle que, aunque estén al aire libre, han sido y son tratadas de manera habitual para que no sufran las inclemencias metereológicas. Le agradecemos su preocupación, así como los datos que nos aporta sobre la lápida de doña Fadueña que desconocíamos.

BÉJAR EN MADRID. Judíos. Publicado el 28 de septiembre de 2001. JAM-BÉJAR.

1 comentario:

  1. La reproducción de la lápida de doña Fadueña que tenemos en Béjar es obra de Genaro Hernández Cabrera, el marmolista de San Juan, hijo y padre de Eloy.

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